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Noviembre 2008
Antonio Larrea, creador de portadas de discos de la Nueva Canción Chilena:
“El efecto de las carátulas lo conocimos veinte años después” (continuación)

 

Laboratorio para estudiantes

En sus trabajos Antonio Larrea reconoce como influencia el aporte externo de varias tendencias en boga en ese momento, pero también hace énfasis en el trabajo de equipo y en la interacción que se producía entre los tres diseñadores, quienes además crearon una propuesta individual muy clara: “También está el hecho de que éramos tres personas trabajando en un mismo taller y no topándose. Cada uno desarrollaba una línea. Yo desarrollé la de la fotografía que es muy fuerte. Mi diseño es bien claro con respecto al de mi hermano y al de Lucho Albornoz. Son diferentes, pero en algunos casos se van mezclando y se genera otro producto. Además estaba la libertad de crear cosas por crear. De repente los diseños eran inutilizados, los dejaba por ahí guardados y después los aplicaba”.

El taller de Vicente Larrea era un espacio para la creatividad y la experimentación, en el que toda innovación era posible, por esta razón a Antonio Larrea le complica encasillar el diseño de las carátulas a partir de una breve descripción: “Difícil porque era una gráfica tan libre, que hay muchas líneas mezcladas. Lo definiría como una búsqueda constante de intervención de líneas de diseño. Líneas que se mezclan entre los tres. Lo que más nos provocaba era simbolizar una situación. Para mí, cada carátula de disco cumple la función de un afiche. Habíamos pasado por escuelas de arte y aprendimos simbología”. Sin embargo, Larrea es enfático en reconocer el perfil de los trabajos que salían del taller: “Hay un trabajo fotográfico puro”.

Por entonces, se lanzaban discos tan vertiginosamente que el trabajo de los músicos muchas veces se desarrollaba de forma simultánea al de los otros equipos de profesionales que intervenían en la edición de un long play. “Nunca escuchábamos antes las grabaciones, porque se grababa mientras nosotros producíamos. Nunca te llegaba un máster. Prácticamente el trato era directo con el grupo. Tampoco los grupos se imponían y por eso salía todo tan rápido. De repente, los bocetos salían en una reunión. Por ejemplo, Violeta los dibujaba en un papelito y después se usaban”, recuerda Larrea.

Así ocurrió con el disco Por Vietnam, de Quilapayún: “Vimos las letras nada más. Algunas veces nos pasaban los cancioneros. Tampoco conocíamos mucho a los grupos. De hecho, estábamos tan concentrados produciendo, que muy de repente íbamos a los recitales. Producíamos adentro del taller y tampoco sabíamos lo que estaban provocando las carátulas. El efecto histórico de las carátulas lo conocimos veinte años después. Lo que provocó cada carátula en la gente que la compró en ese momento y lo que pasó después del exilio no lo supimos. No teníamos idea de la fuerza que tenían, ni de lo que estaba pasando, ni de lo que pasó. Pero eso es bueno para el creador, estar creando bajo otra motivación, independiente de lo político o del partido. Si hay dirección también te sales de tu creación y propuesta propia. Si te dirigen, empiezan las dudas. Entonces te daban la libertad de usar propuestas de estudiantes aceptadas por músicos estudiantes”.

“El más consagrado siempre fue Víctor Jara. Además su personalidad era súper creativa y abierta a todo. Aceptó ésta de las cabezas multiplicadas del tercer disco y es con todas las cabezas dadas vuelta. Le encantó. Eso era un juego de laboratorio y terminó siendo un afiche y la contraportada del disco. Jugábamos con el disco, sin tener miedo a que la gente pudiera confundirse. Había que rotarlo, manipularlo. Eso de que no llevara título adelante, porque la gráfica ya estaba tan equilibrada, es mejor todavía, porque dejas motivado al público. El disco se podía dar vuelta y atrás estaba toda la información. De hecho, El derecho a vivir en paz, es un álbum que no tiene nada ni por delante ni por detrás, solamente cuando abres el disco está la información. La portada era la foto de Víctor y atrás era blanco, estaba sellado. No había ninguna información en ningún lado, lo abrías y te encontrabas con esa gama de colores”.
 
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