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Abril 2009
Patricia Orellana, periodista chillaneja:
“Si somos una ciudad que perdió la memoria, tenemos que cuidar lo poco que nos queda” (Continuación)

 

Tradición periodística


Patricia Orellana estudió periodismo en la Universidad de Chile, en Santiago, pero regresó a la ciudad familiar a ejercer su profesión. Desde 1970, trabaja en el diario La discusión, “que es otro gran patrimonio que tiene Chillán. También éste es un edificio de Hernán Larraín, que hizo dos edificios acá: la catedral y este diario que es como una fortaleza”. Es además un patrimonio del periodismo, ya que por él han pasado tres premios nacionales en redacción: el último (2001) lo obtuvo Tito Castillo Peralta, director del diario en dos períodos; antes, en la década del setenta, Edgar Parramón, quien hoy vive en Venezuela; y el primero en obtenerlo, en 1961, fue Alfonso Lagos, director del diario entre cuyos principales aportes está haber planificado la continuidad de La discusión

“El 28 de agosto de 1976 don Alfonso concreta un proyecto que tenía con su mujer. Cuando su hija Laura tenía 4 años ellos supieron que iba a morir muy joven y desde entonces pensaban en cómo perpetuar el diario para Chillán y en cómo devolverle a la comunidad de alguna manera lo que ellos habían logrado, que es esta empresa con un diario, una radio y una impresora que tiene más de cien años. Entonces ellos decidieron donar todo esto y, después de un año de conversaciones, finalmente se llegó a acuerdo y compromiso con la Universidad de Concepción, que se avino a hacerse de estos bienes, que no son pocos, pero también se comprometió a algunas cosas, y entre esas había dos compromisos que la universidad debía cumplir y que eran: editar el diario para Chillán, porque don Alfonso decía que el diario era de Chillán, a él le ofrecieron mucha plata para que lo vendiera, porque era una herramienta de poder, sobre todo durante la dictadura. Un diario independiente, sin deudas, con un prestigio y ya más de cien años, era un bombón que todos querían comprar. Pero don Alfonso no quiso y lo donó a la Universidad de Concepción con todos sus bienes materiales”. 

- ¿Y cuál era el segundo compromiso? 

- Era formar, y ése era el sueño de don Alfonso y de la señora Adriana, que se constituyera una fundación que llevara el nombre de Laura y que diera becas a los hijos de Ñuble que no tuvieran dinero, pero que sí tuvieran deseos y capacidades. Entonces así fue y en 1977 empezaron a otorgarse las primeras becas, se empezó con quince, ahora son diecisiete. Son diez becas Laura Lagos Pagueguy para hombres y mujeres de la provincia; son cinco Adriana Pagueguy Belmar para mujeres de Chillán; después de que murió don Alfonso se instituyó una beca para los hijos del personal del diario y después una beca con el nombre de Luis del Villar Zarco, que fue el hombre que la universidad destinó para las negociaciones con don Alfonso. La última beca que se creó lleva el nombre de la segunda mujer de don Alfonso y es para alumnas egresadas del liceo de niñas Marta Brunet, porque ella fue directora muchos años y una buena directora. A la fecha, más de cien profesionales han salido con becas de la fundación Laura Lagos Pagueguy y dicen que es la mejor beca que da la Universidad de Concepción, porque es completa y sólo exige que no repitas, ni siquiera te pide que seas una lumbrera.

 
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