|
Arpilleras
| Corre el año
1958 cuando Violeta Parra, producto
de una hepatitis que la tuvo inactiva
por varios meses en su casa ubicada
en la comuna de La Reina, comenzó
con el bordado de las arpilleras. Un
arte que desarrolló de modo completamente
autodidacta, generando obras que surgen
espontáneamente, como sus canciones,
de su natural talento. En alguna ocasión
lo explicó así: "Las
cosas son simples. No sé diseñar,
yo invento todo, y todo el mundo puede
hacerlo. No sé dibujar y no hago
dibujo alguno antes de comenzar mis
tapices, sino que voy viendo, poco a
poco, lo que debe ponerse. |
 |
Voy llenando espacios en mis tapices...
Y con mis pinturas: ellas están todas
en mi cabeza, como mis canciones. Cuando
siento que hay una persona sensible o que
le nace un sentimiento al ver lo que hago,
me quedo tranquila. Sólo hago algo
en lo que pueda poner la emoción".
Acontecimientos familiares e históricos,
costumbres y creencias populares, además
de su pasión por la música,
son plasmados por sus lanas de colores.
"Me esfuerzo por mostrar en mis tapices
la canción chilena, las leyendas,
la vida de la gente. Y las ideas que tengo
que me parecen indispensable decirlas, hacerlas",
dice la artista.
Los velorios de angelitos, tradicionales
de toda nuestra América, son retratados
en su obra, así como el sufrimiento
del campesino, que expresa en figuras desoladas,
recostadas a punto de caer. Su admiración
por el heroísmo de Arturo Prat es
el móvil de sus dos arpilleras dedicadas
al Combate Naval de Iquique, de extraordinario
movimiento en sus formas.
Los múltiples colores que emplea,
expresan cada uno un preciso sentimiento.
De su tapiz titulado "Contra la guerra",
Violeta dijo: "Sucede que en mi país
hay siempre desórdenes políticos
y eso no me gusta... En esta arpillera están
todos los personajes que aman la paz. La
primera soy yo, en violeta, porque es el
color de mi nombre". Su arpillera "El
Circo", por ejemplo, recrea una escena
de Violeta cantando y tocando guitarra en
un circo, a la edad de 11 años. Aquí
su figura está bordada en verde claro
y no en violeta, como siempre, "para
expresar que estaba feliz cantando".
Así lo explica ella: "a veces
tengo el color de mi nombre o el color verde
que es de la alegría y que me cuesta
más que ninguno, o el rojo si estoy
enojada y denuncio... Siempre uso como base
los colores araucanos: amarillo, negro,
violeta, rojo y rosado de copihue".
De "El Hombre", otra de sus creaciones,
diría: "Es en verde porque es
la esperanza; su alma es una música,
pero se escapa sin cesar como el pájaro".
No sólo los colores encierran determinados
significados en su obra, sino también
ciertos íconos: "Llama la atención
el recurrir de Violeta a dos símbolos
constantes: la búsqueda de Dios y
la búsqueda del hombre. Uno, representado
por la imagen repetida de Jesucristo, y
otro por el bordado o dibujo de ojos que
ubica en los más diversos sitios",
dice el fallecido escritor chileno Waldemar
Verdugo. Ojos al acecho que Violeta utiliza
en varias de sus creaciones, como los que
tienen las botellas de su obra "El
borracho". "Me aprovecho del momento
cuando tengo necesidad de hacer ojos, porque
si me saltara de la cabeza a los pies, sería
algo totalmente diferente. Dejo los pies
para una próxima vez", es la
enigmática explicación dada
por Violeta.
|