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El feliz nombramiento de
Valparaíso como Patrimonio de la Humanidad
no es una meta, sino más bien un estímulo
y una responsabilidad para la comunidad porteña.
Así lo entendió el director de la
Corporación Municipal de Educación
del puerto, Absalón Opazo, el alcalde Hernán
Pinto y el Presidente de la República,
Ricardo Lagos.
Merecer
para recibir
El Presidente de la República, Ricardo
Lagos, se refirió el mismo día del
nombramiento designación -en Montego Bay,
Jamaica- a las responsabilidades futuras que trae
el galardón entregado por la Unesco. "Estoy
muy contento con esta designación, primero,
porque responde a un esfuerzo largo para explicar
por qué Valparaíso. Más contento
por la forma en que se produjo: fue una declaración
unánime, con palabras muy elogiosas y creo
que esto es una responsabilidad para Chile y también
para los porteños", sostuvo.
El Jefe de Estado explicó
que ahora es necesario "estar a la altura
de esta declaración. Creo que esto nos
va a obligar a trabajar mucho más. Se trabajó
mucho para obtener la declaración, pero
creo que ahora hay que merecerla y explicarle
al mundo por qué Valparaíso es patrimonio
de la humanidad".
Con
la marraqueta bajo el brazo
Tras cumplir una exitosa labor en París
como integrante de la misión chilena para
gestionar la nominación, el alcalde Hernán
Pinto regresó a Valparaíso para
preparar todos los festejos y de inmediato gestionar
los fondos necesarios para enfrentar la gran tarea
de conservación del casco antiguo de la
ciudad.
El edil trajo finiquitadas
las conversaciones para la obtención de
un crédito por US$ 50 millones que otorgaría
el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con
el aval de la Unesco. Para concretar este préstamo
requiere la autorización del Presidente
de la República, y así conseguir
el aval del Estado.
El alcalde Pinto adelantó
que, de concretarse la iniciativa, se podrán
desarrollar proyectos de mejoramiento de calles
del casco histórico de la ciudad, enfrentar
problemas como el de los perros callejeros (que
abundan en Valparaíso), planes de hermoseamiento
de distintos sectores. En cuanto al turismo, el
edil piensa que habrá que buscar la incorporación
de privados para construir hoteles de nivel patrimonial,
hosterías y servicios que incentiven el
turismo y otras iniciativas que ayuden a generar
un movimiento económico para levantar la
ciudad.
En tanto, con aportes estatales
del Ministerio de Vivienda y Urbanismo se impulsará
un proyecto destinado al mejoramiento de la plaza
Echaurren y del entorno de la iglesia La Matriz.
También en ese sector está en estudio
la habilitación de un centro cultural chileno-francés-alemán.
A estos proyectos se suman
varias iniciativas tendientes a conseguir el nombramiento.
Dentro de ellas cabe destacar la reciente prohibición
de votar basura en las calles de Valparaíso.
La que a pesar de basarse en un castigo, pretende
generar un cambio de actitud en la gente. Quien
quebrante la ordenanza, puede ser multado con
sumas que van desde los $29.711 a los $148.555
(de una a cuatro UTM). La idea del alcalde y concejales
es tener de una vez por todas una ciudad limpia
y ya que las campañas realizadas para evitar
los desperdicios en la calle no dieron resultados.
Educación patrimonial
Otro ámbito vital para
la valoración del patrimonio porteño
es el de la educación. Así lo entendió
el profesor Absalón Opazo Lazcano, director
de la Corporación Municipal de Educación
de Valparaíso, quien señaló
que este reconocimiento debe ser la base de una
serie de medidas educativas que influyan positivamente
en el desarrollo de la ciudad.
Con este objetivo se diseñó
una serie de iniciativas tendientes a preparar
mejor a los profesores, así como de incrementar
las instancias de participación y aprendizaje
de los alumnos. Como primera medida a partir del
segundo semestre comenzarán los cursos
de capacitación patrimonial para profesores,
que servirán como herramienta para que
los docentes inculquen la apreciación y
conservación del patrimonio de la ciudad.
Por otro lado, se instruyó el aumento de
la horas de inglés en los colegios con
o sin jornada completa, como una forma de hacer
este idioma parte del paisaje cotidiano de los
niños.
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