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Desde el año 2000 la Corporación
Patrimonio Cultural de Chile en conjunto
con la Universidad de Chile y la Comisión
Bicentenario convocan anualmente el Premio
Bicentenario, un certamen que, de cara a
la celebración del Bicentenario en
2010, distingue en cada versión a
una personalidad destacada por su aporte
social y cultural al país durante
el siglo XX. Con el auspicio de Minera Escondida
y al amparo de la Ley de Donaciones Culturales,
la idea es generar un decálogo de
hombres notables, representantes del espíritu
republicano, culminando con la celebración
de los 200 años de la República.
El escultor Juan Sebastián Solar,
creó y realizó el galardón,
consistente en una escultura de bronce representativa
del Puente de Cal y Canto, a la que se suma
un importante estímulo en dinero.
El jurado está compuesto por representantes
de la Corporación, de la Universidad
de Chile y de la Comisión Bicentenario,
además del galardonado del año
anterior.
En su primera versión fue distinguido
el empresario Eugenio Heiremanns, por la
envergadura de su labor social y cultural,
a través de la Asociación
Chilena de Seguridad y sus Hospitales del
Trabajador. Al año siguiente, el
senador Gabriel Valdés, por el amplio
reconocimiento y respeto a su figura en
todos los sectores de la vida nacional y
su aporte sustancial a la cultura con la
creación de la Ley de Donaciones
Culturales o Ley Valdés. En 2002,
la ceremonia de entrega del premio, en el
Salón de Honor de la Casa Central
de la Universidad de Chile, tuvo como protagonista
al carismático antipoeta Nicanor
Parra, quien se lo adjudicó por su
inconfundible huella en la poesía,
el pensamiento, la enseñanza y la
cultura popular chilena. En su versión
2003 recayó sobre el padre Gabriel
Guarda Geywitz, Premio Nacional de Historia
1984, encargado, por designación
del Vaticano, del resguardo de los bienes
patrimoniales de la Iglesia Católica
chilena y una de las voces más autorizadas
en el área del patrimonio arquitectónico.
El cheque y la escultura se los llevó
en 2004, el musicólogo Luis Merino,
por su destacada trayectoria en la investigación
y la docencia. Por su aporte a la calidad
de vida de los chilenos, a través
de su labor en salud, nutrición y
educación, el Doctor Fernando Mönckeberg
Barros se adjudicó el galardón
en 2005.
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