Poemas
inéditos de
Gabriela Mistral ven
la luz (continuación)
Consultado
acerca de su método
de trabajo, lo relata
de este modo: “Leer,
releer, transcribir,
volver a leer y archivar
poema tras poema,
configurando un acervo
temático. Tras
años de enfrentarme
a la caligrafía
de Gabriela Mistral,
ella se me ha vuelto
doblemente familiar
por el parecido de
la mía con
la suya; de modo que
puedo leerla de corrido.
Claro, que de vez
en cuando en los manuscritos
hay una palabra borrosa
o desdibujada por
la prisa, que corta
la fluidez de la lectura
y que puede detenerla
hasta que se haga
la luz y sea descifrada
de golpe. A ello ayuda
la métrica:
el saber que esa palabra
solo puede tener cuatro
o tres o cinco sílabas,
o bien que debe rimar
con un verso anterior,
y asimismo auxilia
el conocer el léxico
y la cultura de Gabriela
Mistral. Cuando ella
no decidió
cuál de dos
o más de dos
adjetivos o sustantivos
o verbos habría
preferido, debí
osar y asumir su gusto.
Se lo conozco por
sus ejemplos de decisiones
efectuadas, por su
preferencia en la
palabra más
intensa, más
gráfica, más
coloquial, más
agradable al oído,
y menos gastada, menos
romántica,
menos imprecisa”.
Llegado el momento
de estudiar la pertinencia
del pago de derechos
de autor, se decidió
no hacerlo y cumplir
la voluntad de Gabriela
Mistral, entregándolos
a los niños
pobres de Montegrande,
a través de
la Orden Franciscana,
de manera de sentar
una jurisprudencia
al respecto y como
un gesto para enfatizar
el respeto hacia los
derechos de los artistas.
El diseño no
fue un tema menor,
ya que el libro requería
de una diagramación
que sólo una
sensibilidad con mucha
experiencia pudiera
abordar. La elegida
fue Josefina Foncea,
diseñadora
experta en ediciones
bibliográficas,
quien, en su propuesta,
utilizó los
manuscritos de Gabriela
Mistral como signos
gráficos, tanto
en la portada como
portadillas interiores,
sin recurrir a otros
adornos o elementos
decorativos. “Yo
postulo que el diseño
esté al servicio
de la obra, contribuyendo
a una fácil
y agradable lectura
y a la claridad de
sus partes. La belleza
y la armonía
son una resultante
de todo ello”,
aclara la diseñadora.
“Tuvimos especial
cuidado con la disposición
de los poemas sin
cortar párrafos
o versos, para no
entorpecer el significado;
así también
en la elección
de la tipografía,
la reconocida y premiada
Australis, obra del
diseñador chileno
Francisco Gálvez”.
Su complemento editorial
fue Manuel Luis Hurtado,
de la empresa Salviat
Editores, quien relata
que la búsqueda
de la excelencia llegó
a tal grado, que el
color usado en la
tapa dura y en las
guardas se hizo a
partir de un fruto
de la araucaria que
Josefina Foncea llevó
como muestra y que
fue bautizado como
“color piñón”.
El título lo
encontró Luis
Vargas en uno de los
poemas y expresa la
fecundidad creativa
y trascendente de
Gabriela Mistral.
Esto se refleja en
la producción
de un CD de música,
complemento al libro,
que permitió
a diez connotados
músicos chilenos
recibir un poema y
musicalizarlo, generando
así un cruce
entre vanguardia y
patrimonio. Las dos
publicaciones Almácigo
serán distribuidas
en todas las bibliotecas
públicas.
Es tal la surtida
vastedad de los poemas
inéditos que
habrá que repensar
toda la interpretación
de la obra de Gabriela
Mistral. Su asombrosa
calidad cambiará
sustantivamente la
mirada sobre su legado.
La gran poeta se engrandecerá
y surgirá renovada
en toda su complejidad.