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En Chiloé resguardan
Patrimonio, atendiendo lo tangible y lo intangible
Iglesias centenarias
serán restauradas
Con un préstamo
de 2,8 millones de dólares, otorgado por
el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), será
posible restaurar 16 iglesias declaradas a fines
del año 2000 por UNESCO Patrimonio de la
Humanidad. Las iglesias de Chiloé que han
permanecido en pie por más de un siglo
necesitan ser reparadas en tres ámbitos,
de acuerdo a diferentes grados de deterioro: aquellas
que tienen daños en sus ornamentos, en
sus recubrimientos o en su estructura. Los recursos
serán entregados al Obispado de Ancud (que
actuará como unidad técnica y ejecutora)
desde fines de este año y el plazo de restauración
contempla etapas que se cumplirán en cinco
años.
La restauración
de 16 iglesias declaradas Patrimonio de la Humanidad
por UNESCO debe hacerse de modo urgente pues las
construcciones que en algunos casos superan los
dos siglos de edificación corren diferentes
tipos de riesgos para permanecer en buen estado.
Por este motivo, el préstamo de 2,8 millones
de dólares aportado por el Banco Interamericano
de Desarrollo (BID) en un convenio suscrito por
el Gobierno de Chile llega en un buen momento.
El dinero se distribuirá en etapas hasta
que se cumpla en 2009 el proceso global de reparación
de estos templos (las 16 iglesias declaradas Patrimonio
de la Humanidad que forman parte de un total de
ochenta templos de la Isla Grande de Chiloé).
Para Hernán Montecino,
Vicepresidente de la Fundación de Amigos
de las iglesias de Chiloé, es prioritario
terminar las reparaciones de la torre de la iglesia
de Chonchi y arreglar todo lo exterior antes de
que el invierno aumente los daños. Además,
para el arquitecto es urgente conseguir fondos
para el resto de las 64 iglesias que no son Patrimonio
de la Humanidad, pero que tienen un valor arquitectónico
y patrimonial indiscutible.
Las iglesias de la denominada Escuela Chilota
de Construcción en Madera se restaurarán
a la antigua usanza, tal y como fueron levantadas,
vale decir incorporando a la comunidad en una
tradicional Minga. Esta acción es requisito
para los habitantes de Chiloé: que en esta
fase se incorpore una dimensión que contemple
el patrimonio intangible "conjunto de realidades
que están en el corazón de la comunidad
y que se manifiestan en lo tangible, en lo concreto".
La Minga corresponde a una de estas dimensiones
de patrimonio intangible en la cual la comunidad
se hace parte de las necesidades del grupo. En
este caso levantar las iglesias y trasladarlas
si es necesario para que su restauración
se haga en forma óptima.
Oficio
de artesanos
En el mismo sentido, vale decir, privilegiar a
la comunidad y su patrimonio intangible, el trabajo
de los artesanos en madera chilotes son los más
idóneos para realizar labores de reparación.
A ellos se incorporan los fieles que cooperan,
entre otros, con dinero, materiales o con su tiempo
y trabajo. La comunidad en Chiloé participa
activamente en el resguardo de este Patrimonio
que para ellos no es un mero objeto turístico
sino parte de su historia, además de espacio
para desplegar su fe.
Para la ejecución de esta empresa ya hay
un equipo de carpinteros trabajando en Ancud,
preparándose para esta faena que demanda
que las cosas se realicen bajo el dominio de una
antigua técnica de construcción
en la que, entre otros requisitos, no se utilizaban
clavos de metal.
En efecto, las iglesias fueron construidas en
sus totalidad de madera, sin un clavo metálico
y las vigas, pisos y paredes están hechos
de talas cortadas con hacha. Por su parte, en
el exterior, las paredes y techos fueron construidos
de tejuelas de alerce labradas del mismo modo.
En este largo proceso de análisis y de
estimaciones para iniciar las faenas de restauración
ha trabajado un equipo multidisciplinario de la
Fundación Cultural y Educacional Amigos
de las Iglesias de Chiloé junto al Obispado
de Ancud apoyados en un convenio con la Escuela
de Arquitectura de la Universidad de Chile el
cual permite que estudiantes de cuarto y quinto
año de la carrera acudan a trabajar en
los estudios para la restauración.
Por su parte, los carpinteros que trabajan en
Ancud lo hacen bajo el alero del Obispado y son,
además, asesorados por la Fundación
de Amigos de las Iglesias de Chiloé quienes
en equipos de trabajo, comandados por arquitectos,
se han dedicado a estudiar el modo de las construcciones
chilotas. Los mismos carpinteros han realizado
réplicas notables de las iglesias, una
de las cuales que corresponde a la iglesia de
San Francisco de Castro, ya fue regalada al presidente
del BID y se exhibirá en las oficinas de
este organismo en Washington.
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