Vilches muestra su chaleco salvavidas, relleno con botellas plásticas.
 
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Osvaldo Vilches

Maestro de la inventiva (continuación)

Como ataché de la banda, regresa a Santiago, para quedarse en la Escuela; con techo y comida, sin sueldo fijo, pero con la posibilidad de cumplir con uno de sus principales objetivos: seguir estudiando. "Me daban propinas los militares, y yo les limpiaba los instrumentos. Al frente quedaba el Liceo, entonces yo iba a clases. Llegué hasta sexto año de humanidades". Solicitados los músicos por distintos locales y eventos, tocaban por aquí y por allá, haciendo sus trabajos extras, ganando dinero y fama entre el público de las boites santiguinas de los años 50.

Pronto fichó Vilches como saxo barítono para la famosa Orquesta Guambalí, "Hacíamos todos los temas de Glen Miller, trabajábamos en el Nuria, en Santiago; en el Pollo Dorado; en el Carrera; en el Bim Bam Bum". Hasta que un buen día, en el año 64, aceptó una oferta para irse a Perú, junto al argentino Enrique Lynch, cantante de Los Caribes, una orquesta que había tenido gran éxito girando por Latinoamérica. "Lynch trabajaba en el canal 13 en Perú, en el Hit de la Una, donde animaba Enrique Malvenda, el paisano".

Entre tanto, se había casado y había tenido dos hijos con una peluquera algo inestable. "Un día llegué a la casa y me encontré con los cabros todos cochinos, llorando. Ella se habia ido. A los niños se los llevó mi mamá" Pero una vez instalado en Lima recibió la llamada arrepentida de la madre de sus hijos, que imploraba por recuperarlos y volver junto a él.

En Perú se instaló la familia reunida. La Peluquería Elba, llevaba el nombre de la orgullosa mujer, mientras que él se dedicaba al negocio de la música "Había mucho trago. Allá le ponen un montón de trago a la orquesta para que se cure, y a la hora que termina el contrato, siga tocando gratis. Así que me cansé, dije: si sigo este tren de vida me voy a morir".

Fue así como entró en la gastronomía, vendiendo comida chilena y peruana en su local "El Condorito" Y como "gallina que come huevos, come huevo aunque le pongan maíz", la insensata Elba nuevamente hizo abandono del hogar, esta vez junto a un peruano que superó los encantos de Vilches. Vuelto a casar, nuestro empresario gastronómico tuvo tres hijos peruanos, con los que, tras enviudar, decidió volver a Chile, después de 27 años. Los tres hijos mayores, de su primera esposa chilena, se radicaron en el país andino.

Con la venta de sus bienes compró una casa en Santiago y, desechando sus planes de dedicarse a la música en vista de que "ya no había boites en Santiago, como en el año 64", se entregó a las divagaciones y ensayos sobre ideas y ocurrencias que aspiran a solucionar algún aspecto práctico de la vida cotidiana. "Siempre tuve la inquietud, en Perú había patentado una válvula, pero nunca la hice. Patenté también una máquina de afeitar de cuatro filos, tampoco pasó nada. Aquí tuve el tiempo de desarrollar los inventos. Porque la cosa no es sólo inventar, sobre todo es perseverar, desarrollar las ideas y llevarlas a cabo".

La falta de interés de las empresas por inventir en sus ideas y el robo de más de alguna creación suya, como el pequeño monedero "made in taiwan" que se despliega hasta convertirse en bolso para la compra, han jugado en contra de su incansable empeño por sacar provecho a sus inventos. Si usted está interesado en sus ingeniosos enchufes (muy recomendables para empresas con computadores, que no pueden correr el riesgo de desenchufarse y que requieren muchas conexiones) o si cree que sería buena cosa instalar lockets-cargadores para celulares, comuníquese con él al teléfono: 08 215 84 07. Si no le convencen sus originales artículos, al menos habrá conocido a un singular exponente de la inventiva chilena y a un hombre cuya historia es un pequeño compendio de nuestra cultura popular urbana.

     
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Septiembre 2004
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