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Susana Cabrera y Carmen Saravia, artesanas de Rari

Tejedoras de fantasías

Carmen y Susana, madre e hija, con amor cultivan el arte de fabricar figuras con el crin del caballo, un oficio que, por generaciones, ha caracterizado al pueblo de Rari, ubicado en la VII Región.

Susana Cabrera y su madre Carmen Saravia comparten las horas de sus días entre las labores de la casa y la creación de coloridas figuras tejidas a mano con crin de cola de caballo. Mariposas, abejitas, muñecas, portavasos, sombreritos, hechos con admirable prolijidad, forman parte de un universo que nace del amor al arte y que, generación tras generación han cultivado los habitantes del pueblo de Rari, a 20 kilómetros de Linares hacia la cordillera. "Esto viene por el lado de mi papá. Mis bisabuela, mi abuela, mis tías, todas se han dedicado", dice Susana, cuyo hijo mayor parece seguir los mismos pasos.

Es el pueblo completo el que cultiva este oficio más propio de mujeres, aunque en invierno colaboran los hombres, que en verano están muy ocupados en el campo. Luego de lavar la cola de caballo es necesario lavarla, peinarla y seleccionar el crin más largo y grueso. El blanco se tiñe de colores, mientras que el negro y el café se usan como tonos naturales. El crin se va tejiendo utilizando como base una figra vegetal que se obtiene del cactus.

Hasta 3 días tarda Carmen en fabricar media docena de portavasos, que luego vende en sólo 3 mil quinientos pesos. "Este trabajo requiere mucho tiempo, además tenemos que tener los materiales, el crin, el vegetal... Lo hacemos hebrita por hebrita. La gente no valoriza, los extranjeros lo aprecian mucho más".

Sin embargo, la escasa recompensa económica no desanima a quien posee una real vocación: "Nos gusta mucho, disfutamos haciéndolo. Es nuestra vida".
Noviembre 2002
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