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Febrero 2008
 
Moko Mae, tatuador
La polinesia en el cuerpo

 

"Cuando uno se hace un tatuaje se transforma en otra persona", afirma el joven chileno-rapa nui, Moko Mae, quien se ha dedicado a rescatar y reactivar el tatuaje tradicional polinésico, realizando exclusivamente motivos en negro, extraídos de su imaginario ancestral.

Por Rosario Mena




Atamu Tekena s/n.
Horario de atención: Lunes a Viernes, de 10 a 17 horas
Valor de referencia tatuaje: $15.000

Integrante protagónico del Ballet Tradicional Kari Kari, el cuerpo del isleño Moko Mae, fiel exponente de la exacerbada sensualidad del hombre local, es un verdadero catálogo de sus obras. En su trabajo diario, combina el arte de la danza rapa nui con el oficio de tatuador, a través del cual rescata y recrea diversos motivos provenientes del imaginario ancestral polinésico.

Arte que aprendió de un amigo, el tatuador Andrés Pakarati, y que comenzó a practicar hace 15 años con una máquina fabricada por él mismo "con una aguja y un motor de radio". El verdadero sentido de su labor lo adquiere en un viaje a Tahiti: "Ahí un amigo me habló de cómo se había acabado la tradición del tatuaje, al igual que el lenguaje, en la Polinesia, por la colonización. Y entonces yo tomé conciencia de esta dimensión de rescate del tatuaje. Ahí comencé a informarme, a investigar y recopilar diseños, fundiendo lo rapa nui con lo polinésico. Consulté mucho material en el museo de Tahiti. Además saqué motivos de los tapa, que son lo mismo que el mahute (fibra vegetal grabada) rapa nui, pero pliegos más largos. Hay símbolos, divinidades, figuras sacadas de moais, de petroglifos y de los mahute".

Moko mae también recopila imágenes de catálogos de arte polinésico, revistas y libros. Al principio, durante cinco años, trabajó gratis. "Los gringos me decían: How much? Y yo les decía: Ándate no más, cuando llegues a tu país di que yo existo".

Cuatro o cinco personas acuden semanalmente, durante el año, a solicitar un tatuaje. Pero durante el verano, entre diciembre y febrero el artista ejecuta la elevada cifra de 500 figuras en los cuerpos, mayoritariamente, de continentales "que se hacen cosas más chicas" y de algunos extranjeros. No hago flores. "Cuando uno se hace un tatuaje se transforma en otra persona".

Tanto el cuidado posterior del tatuaje, con hidratación intensiva durante al menos una semana, como la higiene en todo el proceso son fundamentales. "Nosotros estamos en la mitad del océano. Por aquí pasan miles de personas. Más que alguien se pueda contagiar aquí, ocurre que alguien me puede contagiar a mí".


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