Italo Zuluaga no cambia las turecas por nada.
 
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Italo Zuluaga:

Mecánico en 10 de julio

Italo Zuluaga tiene 44 años y hace 30 abrió, junto a su socio, la Casa Ziga, en la calle 10 de Julio, donde trabaja reparando, cambiando y vendiendo frenos y balatas.
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"Esta casa es de la época de la Colonia", afirma con orgullo, señalando los muros de adobe y los altos techos envigados. "Yo amo este barrio, es un lugar único y ha decaído mucho en los últimos años, las autoridades lo están matando", dice Italo, quien considera injustificadas las prohibiciones municipales de hacer trabajos ruidosos y contaminantes. "No dejan que nadie meta bulla, porque molesta a los vecinos, entonces hay muchos trabajos que no se pueden hacer. Es obvio que si alguien viene a vivir aquí va a estar incómodo. Si este no es un barrio residencial, es un barrio comercial. La gente que hace desabolladura, rectificaciones, esa es la que tiene que estar aquí. Este es un centro de trabajo, un lugar original donde siempre se ha encontrado el servicio completo para los autos", argumenta.

Respecto a los vendedores ambulantes, Italo alega que los perjudican y les crean mala fama, aunque los considera parte de la tradición.

Antiguas máquinas manuales, con las que Italo y su socio realizan los trabajos; una cocinilla y una mesa para el almuerzo; gran cantidad de calendarios de chicas exhuberantes en tanga o topless, junto a alguna imagen de la Virgen María; afiches con autos antiguos y hasta un recorte de diario de los años 40 sobre Luis Chevrolet, son algunos de los elementos que habitan el oscuro y desvencijado taller.

Italo piensa que es importante conservar los autos antiguos, pero que el sistema hace que desaparezcan: "por ejemplo, en la Revisión Técnica no tienen consideración con los autos antiguos. Debería haber más conciencia. Les ponen tantos problemas que al final la gente se aburre y los deja botados y se compra uno nuevo. ¿Se acuerda de los huevitos? Eran preciosos. Ya casi no quedan en Santiago. Mi hijo nunca ha visto uno".

Quien opte por la ruta de la capitalina calle 10 de Julio, debe ir preparado para afrontar la turba de mecánicos y comerciantes, establecidos o improvisados, que se lanzan temerariamente sobre el auto ofreciendo servicios, respuestos y accesorios para el vehículo.

10 de Julio: Folclor en cuatro ruedas

Es parte del folclor de este barrio que es, hace más de medio siglo, un verdadero submundo dentro del cual se mueven cientos de personas que, tanto en los locales como en la calle, dedican su vida y su energía a los menesteres de la mecánica. Un lugar único en el rubro, cuya fama se extiende a todo el país y cuyo atiborrado paisaje de tuercas, faroles y neumáticos, ya forma parte imprescindible de nuestra tradición popular urbana.

Mientras unos pronostican su lenta muerte, otros la niegan rotundamente, asegurando que el comercio en 10 de Julio goza de muy buena salud. Lo cierto es que, en alguna medida, esta calle ya no es lo que era. No sólo es posible observar a simple vista la disminución de gente circulando: el ruido y la contaminación que provocan algunos trabajos, como los de pintura y desabolladura, justifican la prohibición municipal que ha obligado a cerrar o emigrar a gran cantidad de legendarios talleres de reparación. El oficio y la artesanía van quedando atrás para ampliar el espacio al negocio de los repuestos y accesorios. Pasar gato por liebre o cobrar más de la cuenta, son prácticas que caracterizan a los vendedores ambulantes, que espantan a los clientes y perjudican a los locatarios. Pero sin ellos, 10 de Julio no sería lo que es: una feria permanente en donde el regateo es la gracia, y la pillería la desgracia.

 
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