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mayo 2004

En el Día del Trabajador

Una historia color carbón

En el triste y novelesco relato de vida de la asesora del hogar Genoveva Tamayo, se refleja la sacrificada existencia de los mineros del carbón, el aplastamiento del movimiento sindical, y los patéticos visos que adquiere la relación del poder con el pueblo. En el Día del Trabajador, esta nota es un homenaje a la extinguida y esforzada cultura del carbón, al coraje de quienes dieron su vida por los derechos de los trabajadores y, sobre todo, a todas las mujeres gracias a cuya entrega nuestras casas están limpias, nuestros hijos cuidados y nuestras mesas servidas.

Por Rosario Mena



Genoveva Tamayo Velásquez nació en Isla de Maipo, Región Metropolitana, en abril de 1933. A corta edad emigró a la localidad minera de Puchoco Schwager, en la zona de Lota, junto a sus dos hermanos mayores, su madre y su padre, quien partía a buscar un mejor sustento para la familia en la esforzada extracción del carbón. "Mi papá se llamaba Santos Tamayo Martínez y era mayordomo, tenía gente a cargo en la mina. Entonces, a veces trabajaba los 3 turnos. Se levantaba a las 4 de la mañana y muchas veces llegaba de la mina a las 12 de la noche. Yo iba a verlo a la mina, a llevarle comida, con mi mamá. El era dirigente sindical. Luchaba porque les mejoraran los sueldos, porque se regularan las jornadas de los trabajadores".

Genoveva era la tercera de 10 hijos y la mayor de las mujeres, por lo que desde niña le tocó asumir junto a su madre las labores del hogar. "Con ella aprendí a cocinar mucho, ella era una gran cocinera. Hacia empanadas, pan, y vendíamos en la casa. Mis padres eran muy trabajadores, de ahí salí yo", recuerda Genoveva. Los peligros del trabajo en la mina hacían de la vida casi un milagro, que debía agradecerse día a día: "Vivíamos en casas de 3 pisos hechas para los mineros, buenas casas. Había un hospital precioso para nosotros… Teníamos todo… Nunca nos quejábamos de nada. Pero era dura la vida… muchos mineros morían de silicosis, por el gas grisú. Había explosiones a veces y muchas muertes. Ya estábamos acostumbrados. En cualquier pique, si había un accidente, mi padre tenía que ir a prestar los primeros auxilios".

     
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