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En el triste y novelesco
relato de vida de la asesora del hogar Genoveva
Tamayo, se refleja la sacrificada existencia de
los mineros del carbón, el aplastamiento
del movimiento sindical, y los patéticos
visos que adquiere la relación del poder
con el pueblo. En el Día del Trabajador,
esta nota es un homenaje a la extinguida y esforzada
cultura del carbón, al coraje de quienes
dieron su vida por los derechos de los trabajadores
y, sobre todo, a todas las mujeres gracias a cuya
entrega nuestras casas están limpias, nuestros
hijos cuidados y nuestras mesas servidas.
Por Rosario Mena
Genoveva Tamayo Velásquez nació
en Isla de Maipo, Región Metropolitana,
en abril de 1933. A corta edad emigró a
la localidad minera de Puchoco Schwager, en la
zona de Lota, junto a sus dos hermanos mayores,
su madre y su padre, quien partía a buscar
un mejor sustento para la familia en la esforzada
extracción del carbón. "Mi
papá se llamaba Santos Tamayo Martínez
y era mayordomo, tenía gente a cargo en
la mina. Entonces, a veces trabajaba los 3 turnos.
Se levantaba a las 4 de la mañana y muchas
veces llegaba de la mina a las 12 de la noche.
Yo iba a verlo a la mina, a llevarle comida, con
mi mamá. El era dirigente sindical. Luchaba
porque les mejoraran los sueldos, porque se regularan
las jornadas de los trabajadores".
Genoveva era la tercera de 10 hijos y la mayor
de las mujeres, por lo que desde niña le
tocó asumir junto a su madre las labores
del hogar. "Con ella aprendí a cocinar
mucho, ella era una gran cocinera. Hacia empanadas,
pan, y vendíamos en la casa. Mis padres
eran muy trabajadores, de ahí salí
yo", recuerda Genoveva. Los peligros del
trabajo en la mina hacían de la vida casi
un milagro, que debía agradecerse día
a día: "Vivíamos en casas de
3 pisos hechas para los mineros, buenas casas.
Había un hospital precioso para nosotros
Teníamos todo
Nunca nos quejábamos
de nada. Pero era dura la vida
muchos mineros
morían de silicosis, por el gas grisú.
Había explosiones a veces y muchas muertes.
Ya estábamos acostumbrados. En cualquier
pique, si había un accidente, mi padre
tenía que ir a prestar los primeros auxilios".
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