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Volantines
en el Bellas Artes
Fue en una feria artesanal que don Guillermo conoció
al artista Nemesio Antúnez, quien quedó
admirado con sus volantines y le propuso exponerlos
en el Museo Nacional de Bellas Artes. Una muestra
inédita realizada en el año 73,
cuando Antúnez ejercía como director
del Museo. "De ahí fueron amigos inseparables.
Don Nemesio se inspiraba en los volantines y los
expresaba en sus cuadros", cuenta Boris.
Su idea es proyectar esta tradición instalándose
en el antiguo taller de su abuelo, en Quinta Normal,
para lo que ya está ordenando y reparando
la vieja casa. Sin embargo, cree que las obras
maestras llegarán con la próxima
generación de los Prado: Su hijo de 7 años
ya diseñó su primer volantín.
"El es el que sacó el talento de mi
abuelo. El va a ser el gran representante de este
arte".
Técnico en turismo, Boris desarrolla este
oficio artesanal en forma paralela, realizando
sólo trabajos exclusivos por encargo y
ya cuenta con una clientela que cada mes de septiembre
solicita sus volantines de nivel superior. "Son
volantines bien hechos, no como los que venden
en la calle". Miden entre 48 y 52 centímetros
cuadrados, más grandes que los corrientes,
según el diseño de su abuelo para
"vuelo de perfección".
Adquiriendo el estatus de obras de arte, éstos
se ofrecen también con una singular enmarcación
de varas de madera y alambre tensado protegidos
en vidrio, para ser colgados o colocados sobre
el muro. "El gran problema de Chile es que
estamos muy influenciados, la tecnología
ha desplazado a los juegos tradicionales. Antiguamente
aquí se encumbraban volantines desde septiembre
hasta abril, ahora sólo en septiembre",
concluye Boris.
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