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Como la mayoría de
las etnias sudamericanas, la mapuche posee una
religiosidad arraigada en en las fuerzas de la
naturaleza. Por ejemplo, las plantas son infaltables
en cada rito, especialmente el canelo, el árbol
sagrado para este pueblo. Un clima benigno es
fundametal para la obtención de buenas
cosechas y el paso del tiempo es marcado por los
movimientos lunares.
Para el pueblo mapuche conviven en el universo
dos fuerzas antagónicas, pero complementarias:
las fuerzas positivas o Ngenechen y las negativas
o Wekufu.
El Ngenechen es sólo construcción
y vida, el Wekufu, destrucción y muerte.
Entre ambas fuerzas los mapuche buscaban el equilibrio.
Sólo a las mujeres
les estaba reservado el manejo de los asuntos
espirituales o mágicos, existiendo también
dos tipos de magia, la positiva y la negativa.
Las machis se ocupaban de la primera, la kalku
de la magia negativa. Las machis, expertas en
las propiedades medicinales de las yerbas, sanaban
a los enfermos y ahuyentaban los malos espíritus.
Para los mapuche la muerte no existía.
La vida era infinita y las personas pasaban por
diferentes estados a lo largo de su existencia.
La muerte era así el tránsito hacia
el país de los muertos, donde el alma viviría
eternamente. Su destino final es el Wenu Mapu,
espacio superior donde se reencuentran con sus
seres queridos.
La muerte es el inicio
del viaje a un nuevo existir, en el que encontrará
más o menos dificultades, según
su actuar en la tierra.
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Nguillatún
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Machitún
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Wetripantu
Fuentes:
- "Etnografía:
sociedades indígenas contemporáneas
y su ideología" Editorial Andrés
Bello, 1996.
- Artículo Religiosidad Mapuche Contemporánea:
elementos introductorios. Rolf Foerster y Hans
Gunderman.
- Versión del año nuevo mapuche
o el regreso de la salida del sol, Asociación
de Profesores Mapuches Likan Mapu.
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