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Jeanette Mutizabal, profesora
de la escuela La Cantera de Callejones, a 4 kilómetros
de Graneros, señala que las actividades
que más interés despertaron fueron
la de trazar el plano de la escuela y todas aquellas
que implican habilidades manuales y dibujo. En
cuanto al concepto de "patrimonio" cree
que los niños ni siquiera manejan las nociones
más recurrentes. "Es muy poco lo que
ellos ven de arte, o de monumentos. Sus referencias
son, por ejemplo, las estatuas que vemos en Rancagua
o Codegua cuando venimos a los actos cívicos.
En cuanto al patrimonio natural, los llevamos
a un parque que está en Graneros, pero
no tenemos acceso a otros lugares".
Para Janette, lo más
destacable fue el desarrollo en el área
de lenguaje y especialmente, el intercambio familiar,
que dio a los niños la oportunidad de "comparar
la vida de ellos con la de sus padres". Familias
posando en la montaña nevada de Puyehue,
en la playa de Pichilemu o en la plaza Sotomayor
de Valparaíso forman parte del mural en
que los niños reunieron en fotografías
los más valiosos recuerdos guardados en
sus hogares.
"Me emocioné mucho con esto, -se apresura
a contar Irma Castillo, profesora de cuarto básico-.
Los niños aprendieron valores, como el
respeto, la colaboración, la solidaridad".
Impulsados por su maestra y con la ayuda de sus
padres, los alumnos, elaboraron cada uno su propia
cajita con objetos significativos y recuerdos
como sus primeros zapatos, fotografias, su carnet
de controles médicos, sus primeros juguetes
y otras prendas como el pañuelito de su
bautizo, que Estefanía (9) exhibe con orgullo.
"Mi papá es de Rancagua y yo nací
en Graneros -cuenta-. Yo tengo muchos recuerdos
de cuando era guagua. No todos los niños
tienen los recuerdos que yo tengo. Yo creo que
son importantes para los hijos. Siento que mi
mamá me guardó estas cosas porque
yo era importante para ella".
Entre las múltiples
actividades del texto, se cuenta la de describir
algo apreciado que ya no se tiene. Mientras una
niña narra la tragedia de su querido gato
que fue atropellado, otra recuerda con nostalgia
la taza que le regaló su abuelita y que
"se quebró en mil pedazos". En
cuanto a personajes admirables que, a su juicio,
deberían trascender para las futuras generaciones,
un niño estampa en el libro una imagen
de Arturo Prat, mientras que otro no duda en optar
por Axe Bahía, "porque dan alegría
y amor". Si se trata de rescatar un episodio
de la historia local, Katy, de 9 años,
se inclina por un desborde del río en Codegua,
ocurrido a mediados de los ochenta, que gráfica
con una maqueta. "Aquí está
el río saliéndose y los trabajadores
echando piedras. Me lo contaron mi mamá
y mi papá. El estuvo ahí tratando
de controlar el río, pero en la noche se
salió más y más y tuvieron
que seguir trabajando", cuenta Katy.
La autora del libro, por su parte, señala
algunos elementos que le llamaron la atención
en esta muestra: "Al contrario de lo que
a veces creemos, se nota que los niños
valoran su medioambiente. Es interesante constatar
su visión de Santiago como una ciudad contaminada
en donde no existe la misma calidad de vida de
la cual ellos disfrutan. También me sorprendió
mucho la habilidad en la escritura".
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