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Clímaco
Hermosilla, profesor y gestor
de las Garciadas Cañetinas,
encuentro anual que tiene por
objetivo reflexionar y ahondar
en la historia de la provincia
de Aracuco, y que recuerda a
García Hurtado de Mendoza,
fundador de Cañete, advierte
a la comunidad frente al daño
irreparable causado al primer
levantamiento de la ciudad,
vestigio perteneciente a nuestra
historia colonial.
Clímaco
Hermosilla durante las
excavaciones conversando
con el arqueólogo
Marco Sánchez Aguilera,
representante del Consejo
de Monumentos Nacionales
y con Gloria Cárdenas,
Directora del Museo J.
A. Ríos Morales,
de Cañete. (1997)
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Hace algunos días, un
profesor de la Escuela E 675,
Colico Sur, de Curanilahue,
me pidió que le mostrara,
a él, a los alumnos de
su curso y a un par de apoderados,
algunos de los sitios históricos
que rodean nuestra ciudad. Por
supuesto que acepté de
inmediato, ya que me apasiona
la difusión de estos
asuntos porque estoy convencido
de que mientras más personas
conozcan este valioso patrimonio
de Arauco, más posibilidades
tendremos de sensibilizar a
nuestras autoridades y a los
organismos del Estado acerca
de la necesidad imperiosa de
velar por la protección
de estos sitios.
Al llegar al sitio de la primera
ciudad de Cañete, el
Cañete de la Frontera
fundado por don García
Hurtado de Mendoza, en enero
de 1558, tuve la desagradable
sorpresa de descubrir que casi
toda la superficie que ocupó
la ciudad colonial, una área
arqueológica de unas
cinco o seis hectáreas
había sido plantada recientemente
con eucaliptos. Esto significa,
por supuesto, la pérdida
de casi toda el área
arqueológica de la antigua
ciudad, área que, según
la opinión de los muy
destacados historiadores que
visitan el sector cada año
con ocasión de la celebración
de las Jornadas de Historia
llamadas Garciadas que efectúa
la Agrupación Cultural
ARTIS, constituye uno de los
sitios patrimoniales más
importantes de nuestro país.
Hemos explicado muchas veces
que esto es así porque
nuestro Cañete de la
Frontera es prácticamente
la única ciudad colonial
que conserva, intocada, la forma
que le dio el conquistador al
fundarla. Las otras ciudades
de la época: Santiago,
La Serena, La Imperial, Villarrica,
Valdivia, La Concepción,
fueron destruidas por distintas
razones y fueron reconstruidas,
en el mismo sitio (o trasladadas
después a otros), destruyendo
así las bases de la fundación
anterior. Es así como,
si cualquier investigador quisiera
saber cómo eran las ciudades
o plazas fuertes de la época
de la Conquista y se interesara
por conocer cuál era
el ancho de sus calles, qué
superficie tenía cada
cuadra, qué distancia
había entre las edificaciones
de la ciudad y las murallas
que la rodeaban, cuántas
puertas tenía, tendría
que venir, necesariamente, a
estudiar los restos de nuestra
ciudad originaria.
La ciudad de Los Confines, luego
llamada Angol (otra de "las
antiguas ciudades del sur"),
se reconstruyó siete
veces, en distintos lugares,
pero los restos de las primeras
fundaciones, al decir de habitantes
e historiadores locales, no
se han encontrado.
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