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Chile Crónico
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La toma de Valdivia (continuación)

 

Rumbo al Callao

Cochrane asumió el mando de la incipiente escuadra chilena. Enarboló su bandera de almirante en la fragata O´Higgins, como se había rebautizado a la María Isabel, capturada por Blanco Encalada a los españoles. El resto de la escuadra los componían las naves San Martín, Lautaro, Galvarino, Chacabuco, Araucano y Puyrredón. Las tripulaciones se habían formado en parte con presidiarios y aventureros indisciplinados y proclives a amotinarse. Con esta precaria fuerza Cochrane se dirigió al Callao donde se encontraba, según cuenta él mismo, la fuerza naval de los españoles que era de 14 barcos, 10 de los cuales estaban en condiciones de salir al mar a luchar, además de 27 cañoneras.

Cochrane atacó las naves, pero no pudo hacerles mucho daño porque estaban protegidas por las poderosas baterías emplazadas en las fortificaciones del puerto. Sin embargo el ataque tuvo un efecto sicológico desmoralizador para los realistas. Éstos no se atrevieron a sacar sus naves a luchar contra las chilenas.


El boicot contra los "misiles"

En septiembre de 1819, Cochrane volvió a partir con la escuadra chilena hacia las costas del Perú. Le habían prometido una fuerza militar de mil hombres que embarcaría en Coquimbo. Cuando llegó a ese puerto encontró sólo a 90, harapientos y en condiciones deplorables. Para peor algunos estaban enfermos y propagaron una epidemia entre las tripulaciones de las naves.

La suerte no acompañó al almirante. Esperaba batir a los barcos de guerra peruanos y a las poderosas baterías emplazadas en las fortificaciones del Callao con uno de sus recursos tecnológico - tácticos, los cohetes a la Congreve. Se había contratado a un ingeniero inglés para la fabricación de estos proyectiles que se lanzaban desde botes o balsas. Pero estos rudimentarios misiles fracasaron rotundamente. Según Cochrane, por ahorrar unos pesos en mano de obra, se puso a trabajar en su fabricación a los que peor podían hacerlo: los prisioneros españoles. Y claro, éstos, leales a su bandera, se las arreglaron para rellenar parte de los cohetes con arena y con tierra en lugar de pólvora, por lo que resultaron completamente ineficaces cuando llegó el momento de usarlos en el ataque al Callao.

También falló otro de los recursos, con el que Cochrane había derrotado a la escuadra francesa en Aix Road: el brulote. Éste era un barco cargado de explosivos que se lanzaba contra la flota enemiga. Dependía del viento propicio, las mareas y la visibilidad. Estos factores no acompañaron al almirante en el Perú.

En sus Memorias Cochrane confiesa su contrariedad por este fracaso: "el pueblo chileno esperaba imposibles -anota el almirante- y a fin de satisfacerle y satisfacer mi amor propio herido, trabajé por encontrar un hecho que ejecutar y que correspondiese a tales esperanzas (...). Tenía el designio de capturar con un solo buque, y de un solo golpe de mano, los numerosos fuertes y la guarnición de Valdivia, punto que se había creído hasta entonces como inexpugnable. De este modo se neutralizaría en Chile el mal efecto que produciría la falta de resultados en nuestro empeño delante del Callao".

 
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