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Enero 2009
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La revista Estadio

 

Por Bernardo Guerrero

La revista Estadio, se constituyó en la segunda mitad del siglo pasado en el referente obligado de la actividad deportiva del país. Desfilaban por sus páginas amarillas, hombres y mujeres en busca de un gol, un KO, un cesto o una marca en el atletismo que los encumbrara en lo más alto del firmamento que sin la TV parecía brillar más que nunca. Fundada en el año 1941 esta publicación semanal logró unir al país en torno a la práctica de un deporte que por definición era amateur. Por ella, la pluma de Jumar, que no era otro que Julio Martínez, o Carlos Guerrero “Don Pampa”, retrató no sólo el deporte, sino a un país, que cantaba boleros bajo la gracia de Lucho Gática y Antonio Prieto, entre otros.

Sin embargo, la Revista Estadio iba más allá de lo meramente deportivo. Sus periodistas auscultaban muy bien el alma de las ciudades. Sobre todo cuando éstas eran azotadas por las crisis. Así, por ejemplo: “Pese al abandono que padecen las ciudades del norte, las actividades deportivas se mantienen siempre en un increíble plano de superación. Y es que en medio de la indiferencia y apatía que predominan, el deporte resulta un estímulo poderoso que contribuye a levantar la moral y a mirar con más optimismo el porvenir”. Y continúa: “Las poblaciones de Arica, Iquique y Antofagasta, entre otras, llevan una vida lánguida y resignada. Ya no es el norte de antaño, que para tantos fue un pozo de riquezas. No hay movimiento. El comercio y la industria marchan con un ritmo monótono, sin mayores expectativas, sin mayores esperanzas. No hay entretenciones. Se ve muy poca gentes en las calles, y los habitantes no ocultan su natural y lógico desaliento”. Esta nota fue publicada el 28 de noviembre de 1953.

Es interesante notar además la vida comercial que la revista registra a través de la publicidad Cafrenal: Aliviol, sastrería La Mendocina, entre otras, evidencian un compromiso con el deporte tal como ahora lo hace, en Iquique, la Casa Sacco o el Supermercado Rossi.

Sin embargo, el éxito de la revista Estadio, se debe en gran medida, al aporte que los iquiqueños hicieron al deporte nacional. Las portadas y contraportadas se llenaban de rostros y nombres de los nativos de Ike-Ike: Freddy Wood, Humberto Buccione, Juan Ostoic, Juan Díaz, Arturo Godoy, Raúl Choque, Rubén Godoy, Carlos Rendich, Carlos Ataglich, Juan José Gallo, los hermanos Cordero, los hermanos Loayza: Humberto, Rubén y Mario y obviamente su tío: Estanislao Loayza Aguilar.

Pero tampoco se puede entender el deporte local sin la presencia de una revista como Estadio. Ambos se nutrían mutuamente. La revista Estadio, a riesgo de ser exagerados, no se puede dimensionar, en su justa medida, sin los iquiqueños y viceversa. Y es más. Sin el aporte de Carlos Guerrero, “Don Pampa”, el deporte iquiqueño, no se hubiera divulgado tal como lo hizo este periodista deportivo.

En la revista Estadio y antes en Los Sports, se puede reconstruir ese otro país que no cabe en los libros de historia, ya sea por pereza de sus cultivadores o bien por creer que pararse en un cuadrilátero o perseguir un balón, no son actividades que prestigien al ser humano. Estas mentes ilustradas que beben del siglo XVIII, desterraron al cuerpo al sótano de la vida. A lo más lo ubicaron bajo el discutible verso: “Mente sana en cuerpo sano”.

El país deportivo, era sin embargo el mismo que se movilizaba por sus derechos, el mismo que alzaba la voz y encontraba el domingo por la tarde la manera de expresarse no ya bajo el mando de la razón, sino del cuerpo; de ese mismo que cada 16 de julio le danza a la virgen del Carmen en la fiesta de La Tirana.

Leer la revista Estadio, no sólo es un ejercicio de nostalgia. Es también un ejemplo. En ella podemos ver cuánta falta nos hace un periodismo como el que practicaron Aver, Jumar y tantos otros próceres, dueños de una narrativa impecable y frondosa, respetuosos y motivadores, plurales y amateur, en el mejor sentido de la palabra.

 
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