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Nostalgias viñamarinas
La Reñaca de Teresa (continuación)

 

De hacienda a balneario

Hasta 1925 Reñaca era un fundo, como las grandes propiedades rurales de la costa, con playas, arenales y potreros entre las dunas. Teresa Hamel recuerda los terrenos sembrados de papas y de alfalfa, los establos, los galpones y la casa del administrador, Pablo Navarro, donde más tarde se levantó la fábrica Nobis.

La Hacienda se convirtió en la Sociedad y Balneario de Montemar. Su plano fue proyectado por Salvador Vergara. Dirigía esta Sociedad Andrés Scott, un empresario inglés que había formado en Valparaíso la importadora Weir Scott. Como buen inglés, construyó en Reñaca una casa con el mismo estilo de las mansiones que los británicos se hacían en las colonias.

Inicialmente, además de la casa de Scott, había otras tres en Reñaca: la de la administración de la Sociedad Balneario; la de Gastón Hamel y su familia, y la casa patronal de Perico Gana, casi siempre cerrada, por la condición de cazador itinerante de su dueño.

También se construyeron varias quintas, sin casa o sólo con una pequeña habitación que se usaba para preparar el te que después se servía en los jardines.

Poco a poco fueron llegando nuevos propietarios que descubrían la belleza de este paisaje costero. Teresa Hamel recuerda que Carlos Vial Espantoso, dueño de la una importante empresa naviera, se prendó de la caleta de pescadores de Reñaca, llamada El Encanto. Compró esos terrenos y Gastón Hamel regaló otros, ubicados en Cochoa, para que los pescadores trasladaran su caleta.

En El Encanto Vial construyó su casa con la quilla de un buque, y además hizo edificar una iglesia. El proyecto original fue de Carlos Bresciani y Jorge del Campo, y posteriormente fue remodelada por el famoso arquitecto Kulszewski.

Como siempre sucede en los balnearios, las casas tradicionales fueron cambiando de dueños y también de uso. La casa de Andrés Scott, frente a la que se reunía un conjunto de "bailes chinos", fue comprada por la familia Petronic. Luego pasó a manos de George di Giorgio, un conde con aficiones de navegante, casado con la chilena Violeta Valdés Cousiño. Más tarde la casa se convirtió en el Club de Campo Español.

 
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