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Nostalgias viñamarinas
La Reñaca de Teresa

 

Por Darío Oses

Cuesta imaginar a nuestros balnearios, hoy atestados de autos, pubs, veraneantes y edificios altos que parecen empinarse unos sobre otros para mirar el mar, como apacibles territorios agrícolas. Por suerte muchos de estos lugares tuvieron habitantes sensibles, que se ocuparon de guardar una memoria a prueba de la aplanadora de la modernidad sin tiempo.

Es el caso de Teresa Hamel, la notable escritora que murió en marzo del 2005, poco antes de cumplir los 87 años. Pero antes de irse nos dejó sus reminiscencias de esa antigua Reñaca y de la Viña del Mar de principios del siglo XX, a las que fue descubriendo desde niña, como espacios encantados.


Reñaca a principios del 1900.

La invasión de los perros

Reñaca quiere decir "agua de pozo", nombre que nos remite a sus orígenes rurales. Este balneario fue una hacienda de cinco mil hectáreas, la mayor parte de las cuales eran de rulo. En la pequeña parte regada se cultivaba trébol y alfalfa para forraje. El resto de la tierra se destinaba a la ovejería. Esto duró hasta que los perros invadieron Reñaca y se multiplicaron, volviendo a su condición original de cazadores salvajes. Sólo en un año mataron a cuatrocientas ovejas - recuerda Teresa Hamel.

La escritora hace recuerdos también de su Viña del Mar natal. Cuenta cómo Salvador Vergara, un ingeniero emprendedor, se empeñó en construir un balneario. Para hacerlo necesitaba un tren para el transporte de los veraneantes. Excavó en la roca para hacer el túnel San Pedro y trazó la vía férrea entre Viña y Valparaíso, al paso de la cual fueron naciendo las estaciones de Barón, Recreo, Miramar y Chorrillos.

La niña Teresa Hamel guardó las imágenes de la playa Miramar de comienzos de siglo XX "con bañistas de pantalón a listas y mujeres con trajes de baño hasta las rodillas y gorras de goma". Algunas usaban zapatillas del mismo material para no pisar la arena y se protegían del sol en carpas y quitasoles. En ese tiempo, aunque no había bloqueadores, los rayos de sol eran menos letales de lo que son hoy día. Aún así las mujeres se cuidaban de ellos porque la palidez era parte de la hermosura.

 
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