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· Pepita Turina.

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Chile Crónico
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Patagonia, historia e imaginación (continuación)

 

La tierra prometida y sus destrucciones

Junto a esta peregrinación de Katwol hay otras, como la de familias que son expulsadas de zonas situadas más al norte del país. Entonces se van al sur donde encentran una tierra en la que se instalan. Tiempo después les notifican que esa tierra ya no es chilena y que tienen que irse porque después de algunos arreglos limítrofes, ha quedado en territorio argentino.

Esta novela establece dos polos. Por una parte están los que manejan los destinos de esas tierras, sin conocerlas para nada. Las grandes decisiones se toman en esferas parlamentarias, diplomáticas y de hombres de negocios, en oficinas calefaccionadas y muy lejos de la dura realidad. Unos fijan los límites y fronteras. Otros sufren las consecuencias: tienen que irse. Sin embargo, insisten en el empeño de buscar la nueva tierra prometida.

Una de las escenas más conmovedoras de esta novela es la llegada de un grupo de peregrinos, luego de un penoso viaje, a las orillas del Lago General Carrera, al lugar donde se funda Chile Chico: "Arroyo Hormigas, Lago Blanco, Nacimiento, Arroyo Chilcas, Río De Los Antiguos, Río Geinimeni. ¡Y llegamos! Entre abrazos y lágrimas, a la tierra de nadie. Habían envejecido unos cinco años en cada mes y lucían flacos como cañaverales. Pero estaban allí, donde querían estar, a orillas de un inmenso Lago que algunos no sabían si era el mar. Aunque el viento era el mismo, el aire venía tibio y traía olores de ciprés. La cordillera nevada podía tocarse con las manos. Y la tierra era amplia y plana como una pradera.

"Habrá un lugar para todos -dijo Cantalicio, sacudiéndose el polvo y el agua salada de la cara. Y le dio un abrazo fuerte a Catalina Mera".

Los hombres y las mujeres empiezan a instalarse, a hacer las camas y traer los cueros donde dormir. La imagen de la abundancia se advierte en los animales que pastan hundidos en el verdor hasta la panza. Hay una visión pastoral que remite a la legendaria tierra de jauja.

Luego vendrá la expulsión del Paraíso. Una vez más aparecen las decisiones oficinescas y centralistas en la figura de un personaje siniestro llamado Carlos Von Flack, que desde Santiago remata esas tierras y pretende expulsar a los colonos. Ellos se resisten hasta el triunfo en la llamada Guerra de Chile Chico.

La historia culmina en un gran final, con dos Apocalipsis. Uno es la gran nevada que sume a esta tierra de la abundancia en una muerte blanca. Para conjurarla, los colonos empiezan a encender fuego, quemando árboles y bosques enteros. Viene entonces la segunda gran destrucción: el enorme incendio, que se convertiría en uno de los mayores desastres ecológicos del planeta, en que por decenas de años, la tierra de Aisén ardió hasta quedar convertida en cenizas.
 
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