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Testimonios de tres inconformistas
Memorias de mujeres (continuación)

 

Por esta razón, Martina se convirtió en una mujer excepcional. En ese tiempo sólo era bien visto que la mujer leyera libros devotos, y la abstinencia de todo otro tipo de lectura era considerada una virtud. Las mujeres tampoco seguían estudios superiores.

Marina recuerda que el poeta Guillermo Matta le prestó la obra The Subjection of Women, que le interesó tanto, que la tradujo para publicarla en la Revista de Santiago con un prólogo de su autoría.

La traducción de un libro con ideas tan nuevas y el prólogo de una joven dama santiaguina llamó la atención de los hombres de letras. "Me llovieron las felicitaciones -anota Martina- entre las cuales conservo una muy entusiasta de Benjamín Vicuña Mackenna, que era entonces Intendente de Santiago, y otra muy bondadosa de Miguel Luis Amunátegui que ya gozaba de una bien ganada situación política y literaria... En cambio asusté a todas las mujeres que me excomulgaron a velas apagadas, como niña peligrosa. Las chiquillas mismas, mis propias amigas se me alejaron como si se hubiese levantado una valla que nos separaba en absoluto".

Curiosamente, la divulgación de un ensayo a favor de la mujer había asustado a las mismas mujeres y Martina comprobó la inutilidad de hacer publicaciones que no convencían más que a los ya convencidos y en cambio causaban pavor a aquellas a las que deseaba estimular.

La dama en la platea

Martina fue una irreverente para su época. Se atrevió a romper convenciones sociales que parecían inamovibles. Su marido era un hombre que vivía de su trabajo. Cuando vino la famosa actriz Sarah Bernardt a Santiago, la pareja no podían costearse un palco en el teatro Municipal y en esos años era inaceptable que una señora fuera a cualquier otra localidad y se mezclara con el medio pelo. Sin embargo, el matrimonio decidió que lo que querían era ir a ver a la Bernardt y no a mostrarse ni a participar en ritos sociales. De modo que, haciendo frente a todas las críticas, compraron dos plateas. "Fui la única mujer en platea", escribió orgullosamente Martina Barros.
 
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