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Gabriela Mistral y Pablo Neruda
El encuentro de dos lectores (continuación)

 

Los peligros de leer

A veces pagaron el precio de participar en esa fiesta. Porque la lectura era considerada también como un hábito peligroso y hasta pecaminoso. En uno de sus cuadernos, Gabriela recuerda: "Mis estudios en la Normal de La Serena me los desbarató una intriga silenciosa - con la que se buscó eliminarme - por habérseme visto leyendo y haciendo leer algunas obras científicas que me facilitaba un estudioso de mi pueblo: don Bernardo Ossandón…"(4).

Probablemente las obras científicas a que se refiere Gabriela, eran las de Flammarion, un divulgador muy popular de principios de siglo, porque en otro de sus cuadernos se encuentra el siguiente comentario: "Ahora que leo con maravilla las crónicas astronómicas de Flammarion, me pregunto ¿por qué esa idea torpe de ciertos padres, de apartar de las manos de sus hijos las obras científicas con el pretexto de que cambie su lectura los sentimientos religiosos del corazón?"(5).

El joven Neruda sufrió también, en 1920, la represión de sus oficios de poeta y lector. Bernardo Reyes, sobrino nieto del poeta, reproduce la escena en que el padre, don José del Carmen Reyes, irrumpió en el dormitorio de su hijo y de un puntapié rompió las repisas donde éste guardaba sus libros y escritos. Luego los arrojó por la ventana, al patio donde "el montón de papeles y algunos libros fueron encendidos en una hoguera que dejó temblando al aprendiz de poeta"(6).

Gabriela siguió buscando refugio en la lectura. En una de las anotaciones de sus cuadernos, cuando está en Los Andes, se lee: "Enfermedad más trabajo más dejación, total: pecado de pereza. Me salvan las lecturas de Amado Nervo en cada día y en cada llanto mío"(7). Y en otra, de Punta Arenas, dice: "Días de enorme depresión espiritual, que no sé si achacar al invierno que empieza o a los contratiempos del colegio. Me alivio un poco leyendo una obra recién traducida de Gorki: La madre. Es como el génesis de la revolución rusa y es la lectura que me ha removido más en el último tiempo. Son 700 páginas, más o menos"(8).


El encuentro

Finalmente los libros hicieron posible el encuentro entre Mistral y Neruda. "La vi muy pocas. Lo bastante para que cada vez saliera con algunos libros que me regalaba -anota Neruda en sus memorias, recordando sus tiempos de liceano, cuando conoció a Gabriela Mistral en Temuco. Y agrega: "Puedo decir que Gabriela me embarcó en esa seria y terrible visión de los novelistas rusos y que Tolstoi, Dostoievski, Chejov entraron en mi más profunda predilección".

Empezaba a terminarse la lectura desordenada. A pesar de lo poco que se vieron en Temuco, Gabriela, para el joven Neruda, no fue una cómplice, como sí lo había sido Augusto Winter. Ella actuó como maestra y lo introdujo en la gran literatura rusa que conmovía a los lectores de entonces por su tremendo realismo, que contrastaba con los folletines confitados que se devoraban en la época.

Ésta es, en términos muy breves, la historia del encuentro de dos lectores, que aun cuando inicialmente se encontraban en puntos muy distantes de nuestra geografía, descubrieron la lectura por los mismos caminos.

_____
(1) Neruda, Pablo, Confieso que he vivido.
(2) Neruda, Pablo, "65", de Reflexiones desde Isla Negra.
(3) Neruda, Pablo, "Mariano Latorre, Pedro Prado y mi propia sombra".
(4) Quezada, Jaime, Bendita mi lengua sea. Diario íntimo de Gabriela Mistral. Biblioteca del Bicentenario. Plantea/ Ariel. Santiago 2002.
(5) Ibid.
(6) Reyes, Bernardo, Retrato de familia 1904 - 1920. Ril Editores, Santiago, 2006.
(7) Quezada, Jaime, op. cit.
(8) Quezada, Jaime, op. Cit.
 
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