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Expulsados del colegio

 

Como los colegios no logran adaptarse a los siete tipos de inteligencia, se van por el medio con una ley pareja que poco distingue a los talentos. Genios financieros, como el ministro de Hacienda Gustavo Ross, ilustran esta realidad; fue expulsado.

Miguel Laborde


Gustavo Ross llegó a ser millonario y reconocido como "el genio de las finanzas". Chile fue el país más golpeado por la crisis económica de 1929, la peor del siglo XX, y aún así se las arregló para construir el Barrio Cívico de nuestra capital.

Ingenioso, como no podía expropiar las casonas alrededor de La Moneda- sólo se podía mediante la Ley de Ferrocarriles-, anunció la creación de una estación en ese lugar... Incluso fue candidato presidencial, detestado por su arrogancia de genio incomprendido. En una estación del sur se encontró con el candidato nacista y se acercó para decirle que sólo una cosa le admiraba a su movimiento, el saludo con el brazo estirado, a lo Hitler, "para no tener que darle la mano a tanto roto…".

De niño era igual, un problema para su colegio, los Padres Franceses de Valparaíso. Algo hizo, no registrado, que lo expulsaron del tercer año de humanidades junto a dos cómplices, López y Holzmann.

Su compañero Arturo López Pérez no era arrogante. También fue millonario, con el paso del tiempo, muy temido en la Bolsa de París. Su secreto se relacionaba con los trenes, salía a viajar y nadie podía entender cómo, turisteando, podía manejar la mejor información. La prensa sospechaba de la ética del chileno... Y es que al cruzar los campos, las minas, advertía en qué andaba la producción, cómo venían las cosechas... Muchos chilenos celebran su fortuna, y su generosidad, ya que gracias a ella se creó el Instituto del Cáncer de la Fundación López Pérez.

El tercer expulsado también fue un genio. Éste, Ernesto Holzmann, ya había sido expulsado antes, del MacKay de Viña de Mar.

Bueno para sumar, se empleó en un banco. Pronto comenzó a vender papeles accionarios en la calle, corredor de la Bolsa espontáneo, lo que era común. Por entonces, en aumento la oposición a Balmaceda y admirador del almirante Montt, se puso a su servicio como mensajero de los conspiradores. Tenía 15 años.

 
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