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Junio 2006
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Enrique Molina en el Liceo de Talca (continuación)

 

Un logro decisivo fueron sus "charlas literarias", donde profesores y alumnos oían a algún escritor, los que muchas veces eran valores nacionales; como Domingo Melfi, Pedro Sienna, Juan Marín, Ernesto Barros Jarpa, casi todos oriundos de la misma ciudad y con familia en la zona.

Los alumnos también exponían trabajos científicos y obras artísticas; y como abrieron las charlas al público de la ciudad, el Liceo comenzó a actuar en condición de centro cultural. Molina fue pronto invitado a Santiago, donde dictó un ciclo de 15 charlas dentro de un plan de modernización dirigido a todos los profesores secundarios del país. Lo mismo hará otros años, incluyendo también temas de Filosofía, su especialidad, que lo llevará a ser considerado uno de los mayores cultores en la primera mitad del siglo XX en Chile.

El Liceo de Talca se fue transformando en un referente, como cuando murió Diego Barros Arana y organizaron un ciclo en torno a su obra, el que incluyó, nada menos, que a Pedro Lira haciendo un retrato del ilustre sabio. Las mismas graduaciones, hasta entonces desconocidas en Chile, serán impulsadas por ellos y pronto adoptadas en otros liceos.

La pasión del saber, tan fuerte en ambos, iluminó al Liceo completo y marcó un hito nacional. Como un grupo de talquinos le pidió aceptar alumnas en los últimos cursos, ya que el liceo de niñas sólo llegaba a tercer año de humanidades, también las incorporó desatando, por supuesto, grandes debates públicos.

El centenario de 1910 fue una gran oportunidad para Molina. Planteó que debía celebrarse con una Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, que pusiera fin al alto nivel de analfabetismo en el país y dignificara a todos los ciudadanos con un nivel mínimo que les permitiera ejercer sus derechos en la sociedad. Diez años tardaría en plasmar esa idea que marcó un antes y un después en la educación chilena.

Un valor efectivo de su actuar es el que se relaciona con lo moral. A los alumnos invitaba a ser patriotas, entendiendo por ello un compromiso con el desarrollo del país y con la solidaridad social con los menos afortunados. El conocimiento es un desafío moral para aquél que lo tiene.
Alto y muy delgado como el Quijote, junto a un bajo y grueso Venegas, la imagen de Sancho, su labor sedujo a un alumnado que supo agradecer la fortuna de contar con esta dupla, labor que dio nuevo sentido a la palabra "maestro".

Luego del Centenario será un personaje nacional, enviado a estudiar a Francia y a Alemania, mientras su amigo Venegas hereda la rectoría. Cuando regresa publica su libro de Educación Contemporánea, 1914, verdadero programa intelectual para su desarrollo, y a fines de 1915 asume la rectoría de Concepción, donde su labor culminará con la fundación de la universidad de esa ciudad.

Ésa es otra historia. Para los talquinos, su ejemplo fue paradigmático. Ya sabían qué se podía esperar de un rector de liceo: un agente cultural dinamizador de la educación y también de la cultura en toda una ciudad.

 
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