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El
conocimiento sobre
el arcano espiritual
de los pueblos primitivos
conforma desde antiguo
una de las fuentes
de atracción
más fuertes
y motivadoras para
los investigadores
y estudiosos de las
Ciencias Humanas,
tanto más si
se refiere a pueblos
o grupos étnicos
que se encuentran
al borde de su desaparición
por razones de irreversible
extinción numérica,
por lo común
acompañada
de un fenómeno
igualmente irremontable
de aculturación.
Este
ha sido y es el
caso de las etnias
aborígenes
australes de América,
sometidas, aún
desde antes del
establecimiento
permanente del hombre
foráneo,
a una doble agresión
-no siempre voluntaria-
que concluyó
por afectar su existencia
física y
la pristinidad de
sus respectivas
culturas. La percepción
de las correspondientes
tragedias que conducían
a su inevitable
extinción
movió a algunos
etnólogos
desde principios
del siglo XX a tratar
de salvar cuanto
se podía
del acervo espiritual
de estos pueblos,
para conocimiento
del resto de la
Humanidad, en particular
de la comunidad
científica.
En lo que toca a
la Región
Magallánica,
en sentido histórico
amplio, la figura
paradigmática
de tal esfuerzo
ha sido el padre
Martín Gusinde,
distinguido etnólogo
alemán, que
se ocupó
de la materia por
encargo del Museo
Nacional de Historia
Natural entre 1918,
fecha de su primer
viaje a Magallanes,
y 1969, año
de su fallecimiento.
Su tarea ímproba
pero fructífera
ha quedado plasmada
en su monumental
obra escrita sobre
los selk'nam, los
yámana y
los alacalufes,
primero en alemán
bajo el patrocinio
de la afamada editorial
Anthropos y luego
en castellano por
cuenta de la Sociedad
Etnológica
americana.
Anne Chapman, nuestra
ilustre homenajeada
de hoy, es la figura
que cierra y da
culminación,
modernamente entendido,
a ese grupo selecto
de los estudiosos
de la etnología
de la América
austral. Su tarea
académica
se parangona en
calidad y mérito
con la de su afamado
predecesor, a quien
inclusive ha superado
por su dominio de
la especialidad
científica
que profesa -de
la que dan suficiente
fe sus grados académicos-,
habiendo contado
para sus trabajos
con la desventaja
evidente de tener
que operar en circunstancia
de dramático
apremio propias
de la extinción
virtual de las etnias
materias de su preocupación
(selk'nam y yámana),
en tanto que aquél
tuvo la suerte de
alternar y convivir
con grupos aborígenes
que aun alentaban
el vigor físico
y espiritual de
sus ancestros. No
obstante ello, sus
resultados son ciertamente
relevantes como
que han logrado
extraer del arcano
indígena
muchas de sus motivaciones
espirituales, culturales
y conductuales esenciales,
tanto individuales
como colectivas,
que explican su
trayectoria histórica,
superando la información
obtenida por Gusinde,
y brindando un conocimiento
renovado mediante
la revisión
de hipótesis
y conclusiones,
y la reinterpretación
y complementación
de los antecedentes,
entregando al fin
una visión
notoriamente más
amplia y comprensiva,
si cabe. Ello le
ha merecido el respeto
y la admiración
de los etnohistoriadores,
los etnólogos
y los arqueólogos,
y en general, del
mundo de la cultura
interesado en el
suceder de la Tierra
del Fuego a lo largo
del tiempo. De allí
que sus libros conocidos
y aquellos que están
en fase de publicación
conforman en conjunto
la mejor expresión
de su talento puesto
al servicio de la
Ciencia y la Humanidad.
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