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Noviembre 2008
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Desarrollo del cómic
Ocio y dibujo

 

Por Jorge Montealegre I.

Imágenes: exposición ¡Exijo una explicación! 200 años de narración gráfica en Chile, Museo Nacional de Bellas Artes, 12 de noviembre de 2008 a 11 de enero de 2009.

Conduciendo con manos libres.
¿...y quién es él, a qué dedica el tiempo libre?

José Luis Perales

Ocio increíble del que somos capaces, perdónennos
los trabajadores de este mundo y del otro.
Enrique Lihn



Ilustración de Coke (detalle).

El ocio es una distracción en el cumplimiento del deber ser. En el colegio se debe poner atención al profesor, tomar apuntes, responder sus preguntas. Pero en los cuadernos hay palotes, algo parecido al viejo de matemáticas: una caricatura y otros monos que tienen más que ver con el recreo que con la clase. Niñitos y niñitas semejantes están en el camino del ocio, con el riesgo de convertirse en artistas, inventores, poetas. Así al menos ha nacido la mayoría de los buenos dibujantes: esperando el recreo para sentirse a sus anchas, prefigurando ese momento de descanso (tiempo libre) que siempre les será más importante que el momento de trabajo (tiempo ocupado). Tiempo propio, recreo para crear y re-crearse. Ocio, que no es flojera sino la realización –incluso con ahínco– de un trabajo, una obra, que nadie ha pedido y que, supuestamente, se hace en los ratos que dejan libres otras tareas convencionalmente más productivas.

El sentido común entiende el ocio como descanso improductivo (la flojera) o como una ocupación secundaria (el hobby), sin contemplar que, en el horizonte, el ocio es una oportunidad de realización personal. En otras palabras, muchas veces la aspiración del “pintor de día domingo” es ser un pintor de toda la semana. Así como el deseo de cualquier escritor es “vivir de la literatura". Son pocos los privilegiados. Entre ellos, los historietistas que viven de sus cómics.


Perejiles y reyecitos

El dibujante “haciendo monitos” para muchos es una persona que “no produce”, tal vez porque se percibe que “lo está pasando bien”. Sin horario, trabajando en la casa, aparentemente sin jefes, se convierte en un personaje altamente sospechoso de vagancia. Un observador desatento podría atribuirle una pereza crónica. Víctima de las caricaturas, los mismos dibujantes han modelado personajes que se desenvuelven en ese indefinido tiempo libre.

 
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