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Enero 2009
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Cobquecura:
Balneario de piedra y de lobos (continuación)

 

El cine y la fiesta de la Candelaria

Berta Inés recuerda también el cine cobquecurano: “Era un galpón, sin asientos. Las señoras llevaban sus pisitos y un brasero para el frío, y ya que tenían brasero, por qué no también ir con la tetera para calentar el mate y agregar algunas papas para asar en las brasas. Llegaba gente del interior porque una camioneta con altavoz se encargaba de difundir la función y el programa, que invariablemente era de películas mexicanas. A veces los huasos entraban a caballo y veían la película desde sus monturas”.

Por mucho tiempo Cobquecura se mantuvo como un enclave de familias cultas, con incursiones masivas para la fiesta de la Candelaria, que se celebra a principios de febrero. Desde la época colonial, el pueblo está encomendado a la virgen de la Candelaria, aunque la fiesta actualmente tiene poco de conmemoración religiosa.

Escritores y lectores

Cobquecura fue un pueblo muy lector, y eso se lo debe, según Berta Inés, a los profesores normalistas que trabajaban en la zona.

También llegaron al mundo, vía Cobquecura, escritores importantes, entre ellos Mariano Latorre y Fidel Sepúlveda Llanos. Y aunque nació en Santiago, Andrés Gallardo podría ser algo así como hijo adoptivo de Cobquecura. Es autor de Tríptico de Cobquecura, un libro compuesto por tres cuentos largos o novelas breves, que recrea el mundo cobquecurano, explorando sus regiones míticas, turísticas y cotidianas.

Gallardo parte rindiendo homenaje a uno de los escritores nombrados, al dedicarle una décima en la que le ofrece sus propios cuentos: “Fidel Sepúlveda Llanos, /estas historias le entrego:/ que las acepte le ruego./ Usted sembró en sus hermanos/ fervores cobquecuranos/ y yo, querido Fidel,/ hoy escribo, no en papel/ sino en la piedra más dura/ “no hay Fidel sin Cobquecura/ ni Cobquecura sin él”.

Efectivamente es así. Fidel Sepúlveda es el poeta de Cobquecura. Sus versos están escritos en los caminos de acceso a la ciudad. Con Mariano Latorre, en cambio, las opiniones están divididas entre los que creen que fue un mal hijo de Cobquecura y los que piensan lo contrario. Lo cierto es que escribió poco y nada sobre su pueblo natal. Gallardo parece ubicarse en la primera facción. Uno de los personajes de su Tríptico, lee muy pausadamente Zurzulita. Nunca lo termina. Gallardo parece sugerir que Zurzulita, novela emblemática del padre del criollismo chileno, aburre o al menos que su lectura ya no entusiasma mucho a este lector cobquecurano de los años 90, que obedece al nombre de Alzheimer. Para peor la mujer de este reposado lector, antes de irse a la playa, le dice: “"tú te puedes quedar leyendo una de esas novelas que ocurren en pueblos descascarados y aburridos, esas novelas con personajes obsesivos y deprimentes y donde no pasa nada interesante. ¿Cómo se llama?... Tortolita, o algo así".

 
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