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Enero 2009
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Cobquecura:
Balneario de piedra y de lobos

 

Por Darío Oses


La historia de muchos balnearios costeros es, a grandes rasgos, ésta: unos pocos elegidos descubren un lugar con playa y paisaje agreste, casi intacto. Instalan allí sus casas de verano y les pasan el dato a sus amigos. Durante algún tiempo, todos los habitantes se conocen o al menos se reconocen.

Poco a poco va llegando más y más gente, mucha que huye de algún balneario cercano y ya saturado. Se facilitan los accesos, se pavimentan los caminos, llegan buses cada vez con más frecuencia, el lugar se masifica, pierde su placidez, sus primitivos veraneantes lo abandonan. El paisaje se convierte en el de un balneario estándar, y sólo con el otoño recupera algo de su encanto original. En pleno invierno todavía llega uno que otro veraneante de antaño, a recordar aquel paraíso perdido.

“Pan de piedra... laja”

Cobquecura -que en la lengua de los indígenas locales quería decir Pan de piedra- mantiene su singularidad, en contra de la corriente que trata de convertirla en un balneario marítimo homogeneizado. Parte de esta identidad local está en su arquitectura tradicional, en la que juega un importante papel la hermosa piedra laja azulada de la región. Son casas de estilo colonial, de un solo piso, con base de piedra, muros de adobe y techo de teja, con dos o tres patios interiores.

El arquitecto Cristián Boza hace notar que por el asilamiento físico y geográfico de la ciudad, “la mayoría de las viviendas tradicionales que se conservan es un valioso ejemplo de arquitectura vernácula”. Advierte, asimismo, sobre “la intromisión de nuevas construcciones desprovistas de todo arraigo e integración con el casco urbano existente, y que incluso incorporan materiales completamente distintos a los acostumbrados”.

Pero también, en algunos casos, se respeta esta identidad de la piedra. El supermercado La colérica de Quirihue, al instalar su local en Cobquecura, lo hizo en un edificio construido con la piedra laja local. Su nombre no alude a alguna epidemia de cólera, sino al adjetivo que se daba a los jóvenes de casaca de cuero, bluyin y moto: los coléricos, de los años 60.

 
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