Te recomendamos

-Crear, centro de investigación de la Realidad del Norte.
-Revista de Ciencias Sociales.


Comunidad Activa
Sugerir Temas
Sugerir Agenda
Sugerir Link
Chile Crónico
Inicio/Chile Crónico...

Enero 2009
1 / 2/
Casanova made in Iquique

Che Carlos

 

El espacio y el tiempo que le dimos a la locura fue una señal más de nuestra vigorosa identidad cultural. Hombres y mujeres que deambularon por nuestra infancia recorren hoy el recuerdo. Iquique fue en una época una ciudad de locos. Bajo la generosa categoría de locos cabían todos. Los extravagantes y aquellos que como Che Carlos, eran un desafío permanente para las reglas del protocolo y del buen vivir.

Por Bernardo Guerrero

El Iquique de los años 60, estaba poblado por una cantidad de personajes que la psiquiatría, en los tiempos del Dr. Ramos, llamaba simplemente locos. “El Familia”, “La loca de los gatos”, “El parchi parchi”, “El República”, “Chilenito”, entre muchos otros, habitaron ese universo de la infancia en que terciarse con ellos o ellas, era una especie de principio de realidad. El poeta Juvenal Ayala los inmortalizó en su Escupitario. Uno de ellos, sobreviviente a los autos japoneses, fue Che Carlos. Hubo uno que enloqueció de amor, y no era un niño. Era un señor que al ver la belleza de la Reina de la Primavera de los años 50, se enamoró y enloqueció al instante. Nunca el amor había mostrado tanta eficacia. Cuando lo conocíamos llevaba el nombre de esa mujer hermosa y con ese nombre todo los conocían: Gini Be.

Como siempre esta locura careció de currículum vitae. Nadie supo nunca cuál fue el nombre y la fecha exacta de nacimiento de estos personajes. Che Carlos no escapó a esta lógica. Menos aún la prensa lo anunció en la página de defunciones.

Che Carlos perteneció a ese Iquique pre Zofri, en la que todos nos conocíamos. Ese Iquique que olía a mangos y a limón de Pica, esa ciudad que de vez en cuando se rebelaba contra el Estado central izando banderas blancas. Ese Iquique que se rendía ante la elegancia y el tamaño de Arturo Godoy, cada vez que el peso pesado venía a ver a doña Vicenta, su madre. “Vestía un terno café con leche”, decía mi madre. “Era re elegante”, agrega mi tía.

Che Carlos no entendió la ciudad Zofri. La Plaza Prat y su paseo dominical donde la sociabilidad iquiqueña circulaba los domingos por la noche ya no existe. La reemplazó el mall. En una de las esquinas de la Plaza Che Carlos fantaseaba acerca de sus amoríos, clandestinos y prohibidos, claro está.

 
Subir
1 / 2/
     
     ¿Tu Favorito?  Escríbenos
 Mapa
 Créditos  Un Sitio:
 Patrocina:
 Ganador del: