Cementerio de Punta Arenas.

 

+ Chile Crónico
El poeta de la mar, Ignacio Balcells.
Cavancha
La familia Loayza.
Ver Más
 
Te recomendamos
- El nacimiento de la familia. Por Darío Oses.

Comunidad Activa
Sugerir Temas
Sugerir Agenda
Sugerir Link
Chile Crónico
Inicio/Chile Crónico...
 
1 / 2 / 3 / 4 / 5 /
La democratización de los camposantos
El cementerio extramuros (continuación)

 

Derechos de vivos y muertos

A principios de agosto de 1877 se inició en el Congreso la discusión del proyecto de secularización de los cementerios. Como apunta Sol Serrano, era difícil defender a los muchos católicos que habían sido “enterrados en cementerios benditos con la confianza de que allí esperarían la resurrección de la carne”. De un día para otro el espacio sagrado en que descansaban iba a convertirse en profano. Los muertos no tenían derechos civiles, pero los obispos argumentaron que sus deudos sí los tenían. Los liberales, entre tanto, alegaban que el Estado debía garantizar la libertad de culto en establecimientos civiles, como eran los cementerios.

El político liberal Isidoro Errázuriz calificó de “resurrección anticipada de los muertos” la amenaza que hicieron los católicos de sacar a sus muertos de los cementerios públicos. Luego preguntó si en caso de cumplirse ésta “emigrarían también los pobres” que se encontraban “revueltos en la fosa común” o si este movimiento afectaría sólo al “cementerio de la aristocracia privilegiada del derecho canónico”.

El proyecto se aprobó en la cámara de diputados y pasó al Senado. Pero entonces se produjo la muerte del arzobispo Rafael Valentín Valdivieso y la posterior pugna entre el gobierno y la Iglesia por su sucesión. A esto se sumó la guerra del Pacífico, que abrió una tregua, la que hizo que el proyecto quedara pendiente.

La discusión se reabrió en 1882 para culminar en 1883 en medio de lo que el historiador Marco Antonio León llama “la guerra de los decretos”.

En sesión ordinaria de la Cámara, el diputado radical Enrique Mac - Iver señalaba: “La idea de secularizar nuestras instituciones, de introducir lo que podría llamarse el laicismo en nuestras instituciones civiles, políticas y sociales (…) Es una idea general, una aspiración que tiene profundas raíces en el país y hasta es una necesidad”.

Después de muchas discusiones el referido proyecto se convirtió en ley del 2 de agosto de 1883. Ésta quedó reducida a un artículo único que decía: “En los cementerios sujetos a la administración del Estado o las municipalidades, no podrá impedirse, por ningún motivo, la inhumación de los cadáveres de las personas que hayan adquirido o adquieran sepulturas particulares o de familia, ni la inhumación de los pobres de solemnidad”. Se consagraba, así, legalmente la “promiscuidad de sepulturas” que tanto había resistido la Iglesia.

Como lo hace notar Encina, esta ley llamada de inhumación de cadáveres, “no introducía en el orden de cosas vigente otro cambio que la supresión, en los cementerios fiscales y municipales, de la verja que separaba el terreno destinado a los católicos del destinado a los disidentes”. Pero la resistencia a la ley de cementerios se exacerbó porque después de ésta se veían venir las de matrimonio y de registro civil.

Así, la respuesta del combativo Vicario Joaquín Larraín Gandarillas, quien entonces estaba a la cabeza de la Iglesia chilena, fue contundente. La arquidiócesis emitió un decreto, el 6 de agosto de 1883, en el que execraba los cementerios administrados por el Estado o las municipalidades. Esto significaba la prohibición de los servicios religiosos en ellos. Las capillas que hubiere en estos cementerios pasaban a ser lugares profanos y los prelados debían abstenerse de dar el pase a entierros en lugares no sagrados.

 
Subir
1 / 2 / 3 / 4 / 5 /
     
     ¿Tu Favorito?  Escríbenos
 Mapa
 Créditos  Un Sitio:
 Patrocina:
 Ganador del: