El balneario más
popular de Chile tomó
su nombre de Juan
de Cartagena, que
a principios del siglo
XVII se hizo propietario
de la hacienda de
San Antonio. Antes
de la llegada de los
españoles,
todas esas tierras
eran de los changos
que obedecían
al cacique Huechún.
Hacia mediados del
siglo XIX los descendientes
de los changos todavía
habitaban la amplia
playa que se extiende
entre Cartagena y
Las Cruces. El historiador
José Toribio
Medina salía
a caminar por esa
playa recolectando
los vestigios de aquellos
pueblos indígenas
que vivían
de la pesca. Con el
material que logró
reunir publicó
uno de los primeros
artículos antropológicos
hechos por un investigador
chileno.
Se dice que para la
Guerra del Pacífico
hubo levas en la región.
Algunos de los changos
fueron enrolados,
otros escaparon hacia
el interior. Así
fue quedando cada
vez más deshabitado
ese litoral, que posteriormente
sería redescubierto
y sobrepoblado como
balneario.
Almuerzo en La Marqueza
Antes de que existiera
el tren a Melipilla,
los veraneantes llegaban
a esta ciudad en carretas
y caballos, después
de siete u ocho horas
de viaje. Al día
siguiente se internaban
por las cuestas de
la cordillera de la
costa, para almorzar
y cambiar caballos
en la Marqueza. Este
fundo es parte de
la historia literaria
de Chile. Perteneció
al novelista más
original de nuestro
país, Pilo
Yánez, también
conocido como Juan
Emar.