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Ahora que Valparaíso es Patrimonio de la
Humanidad, los porteños entre otras tantas
obligaciones, deberán rescatar del olvido
a Víctor Acosta, autor de las canciones
La Joya del Pacífico y de Iquique jamás
te olvidaré. Su legado musical es prácticamente
desconocido y su biografía sigue siendo
un misterio. Recuperar su contribución
musical, socializar su canto y su música,
parecen ser tareas urgentes.
Por Bernardo
Guerrero
En los años 50, en las casas de Iquique
se escuchaba el vals Iquique, jamás te
olvidaré, grabado por el sello Odeón.
Años más tarde, al volver escuchar
ese disco supe que su autor era Víctor
Acosta.
Víctor Acosta es además
el autor del vals La Joya del Pacífico,
dedicado a Valparaíso, y que inmortalizara
Lucho Barrios. El primer vals citado de Víctor
Acosta, ha sido regrabado en la voz de Walter
Chamaca, y la orquesta de Mario Berríos,
en el Disco Compacto Las canciones del Chumbeque
a la Zofri, Volumen I y II. En él se recupera
a este autor y cantante, quien en el disco 78
rpm, hizo bailar al Iquique puerto-caleta deprimido
de la época post-boom del salitre, que
transcurre entre los años 30 y los 60.
Víctor Acosta, al juzgar por estas dos
canciones pecó de adulterio. Amó
a Iquique como si fuera Valparaíso y viceversa.
Compartió lealtades con los dos puertos
principales de Chile, y de paso los hermanó.
El puente musical que une a los dos puertos lo
ayudó a construir este artista.
El amor profesado a Iquique,
clandestino tal vez, lo expresa de este modo el
cantautor: "Es un amor que nunca olvidaré/
entre mi pecho vive escondido/ Puerto de Iquique/
tú bien lo sabes/ que yo jamás,
jamás te olvidaré".
A juzgar por la información que poseemos
Víctor Acosta se paseó por toda
la geografía chilena, acompañado
de sus guitarras, y de Italo Martínez,
Willie Zegarra y Juan Ibarra, entre otros. Participó
en circos, animó veladas teatrales, y como
si lo anterior fuera poco, compuso valses como
los reseñados.
El vals que comentamos tiene
la particularidad que entrega valiosas informaciones
sobre la vida social de Iquique, y que ahora parecen
estar en retirada. El Carnaval, y su entierro
en Cavancha, el teatro Nacional -consumido por
un voraz incendio el 25 de noviembre de 1970-
el Shangai un salón de baile de los años
40, son algunos de los hitos fundamentales de
la sociabilidad popular iquiqueña de aquel
entonces.
Es el Iquique que lucha desesperadamente
por salir de la crisis. La desesperación
ha llegado a tanto que el 21 de mayo de 1957 la
ciudad amanece con la bandera chilena a media
asta en señal de protesta contra el centralismo
santiaguino. Sólo el deporte, que gatilló
la feliz expresión "Iquique, tierra
de campeones" hizo el milagro, por lo menos
a nivel simbólico, que el centralismo no
olvidara a los iquiqueños. Pero volvamos
a nuestro cantautor, como se dice ahora.
Víctor Acosta recrea
la vida bohemia que todo puerto que se precie
de tal necesita para definirse. Si Valparaíso
tuvo su Roland Bar, Iquique tuvo su Bar Inglés,
su American Bar y su Bar California, que formaban
un triángulo camino al puerto. El humor
popular, prefirió la copia al ingenio,
y los bautizó como el Triángulo
de las Bermudas.
El vals en comento es una
declaración de amor a Iquique y es, a la
vez, un juramento de fidelidad que todo amante
que se precie de tal necesita manifestar: la voluntad
del no olvido. Cosas de enamorados, por cierto.
Los recuerdos de Iquique
son la principal levadura para hacer fermentar
ese amor. Dice Acosta: "Es por eso que viven
en mi mente/ los recuerdos que nunca olvidaré/Iquique
glorioso te recuerdo/ y jamás yo te olvidaré".
El legado musical de Víctor
Acosta es prácticamente desconocido en
la actualidad. Su biografía sigue siendo
un misterio. Recuperar su contribución
musical, socializar su canto y su música,
parecen ser tareas urgentes.
En un país tan dado al olvido y a la mala
memoria, cada vez que cantemos La Joya del Pacífico
y el Iquique jamás te olvidaré,
un rumor de olas de Cavancha y de Las Salinas,
del Bar Inglés y del Roland Bar, le estarán
homenajeando.
Ahora que Valparaíso es Patrimonio de la
Humanidad, los porteños entre otras tantas
obligaciones, deberán rescatar del olvido
a Víctor Acosta.
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