Una palomita en mi Palomar
Primer Capítulo - De la Tradición
5. La cueva de las vírgenes

Hace muchos años, en la hermosa y misteriosa Isla de Pascua, existía un rey llamado Hotu-Matúa quien tenía bajo su dominio a toda la población de la isla. Según la tradición, todas las jóvenes vírgenes debían ser recluidas en una cueva que se encontraba en lo profundo del mar. Esta cueva se llamaba Oho-Ver. Allí se les recluía por tres años hasta que adquirían un color pálido y transparente ya que así lo ordenaba el rey con el fin de mejorar la especie y para que tuvieran hijos de piel más blanca. A estas doncellas se les alimentaba una vez al día y para ello había una mujer encargada de llevarles un alimento al día en una canoa. Había una joven muy bella de 19 años, quien se llamaba "Tiare" y era hija de un jefe de la tribu de las "orejas cortas" quienes eran enemigos a muerte de los "orejas largas". Esta joven era alta, de piel morena, ojos muy negros, cabello largo y negro y unos dientes blancos. Ella estaba muy enamorada de un joven esbelto y buen mozo, muy valiente y osado que pertenecía a la tribu de los "orejas largas". Ellos se encontraban en un lugar llamado "Tahai", a orillas del mar. Así mantuvieron su romance oculto por varios meses, hasta que un día la joven fue comunicada que el rey la había elegido para esposa y debía ser recluída en la cueva. Llorando corrió al encuentro de su amado y le contó la tragedia que le ocurría y así se amaron con toda la fuerza y bajo la luz de la luna. Él le prometió que la rescataría y que debía confiar ciegamente en él y para ello tenía que fingir que aceptaba la decisión del rey. La ceremonia del traslado era muy hermosa ya que todas las canoas eran ataviadas con guirnaldas de flores y cada doncella (eran 10 en total) iba ataviada con un traje blanco y collar con corona de flores. Cada una en una canoa, que llevaba un farol: Pues esto era en la noche de la luna llena. Togariki sabía por dónde pasarían las canoas y se escondió entre las rocas para atacar la embarcación y así llevarse a su amada Tiare. Así sucedió que cuando la canoa pasaba cerca del lugar, el muchacho saltó sobre la canoa, cogió a su amada y nadando se alejaron hacia la orilla. Corrieron y corrieron, empapados y con frío lograron llegar hacia un lugar que ellos solamente conocían en la playa en Anakena. Allí se cobijaron y pusieron sus ropas a secar en la fogata que encendieron. Cuando el rey Hocu-Matúa supo que su doncella favorita había huído con un muchacho de una tribu enemiga, se indignó tanto que les echó una maldición: al primer beso que ellos se dieran bajo la luna llena, quedarían convertidos en estatuas de piedra y fue así como los enamorados felices se besaron bajo la bella luna y quedaron convertidos en estatuas de piedra que aún vigilan la hermosa playa de Anakena.

Lizette E. De Tuki Isla de Pascua.