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Enero 2004


Festividades altiplánias del verano:

El culto de los aymaras del norte de Chil e (continuación)

Por Bernardo Guerrero

El culto a estas tres deidades representa la más antigua celebración de los aymaras de la actualidad y en la que el jefe de familia, el más antiguo y depositario de la tradición, es el que oficia de celebrante. El centro neurálgico de esta celebración está en el culto a la fertilidad, al agua que da la vida; a Mallku como generoso dador de aguas de las montañas; a la pachamama como modelo de la generosidad, por cuya voluntad los campos pueden vestirse de verde; a Amaru, como el principio que distribuye las aguas de riego que bajan presurosas por los canales y terrazas, que el hombre andino construyó como quien pone estantes de libros en la pared. Estos tres elementos, según Van Kessel, Origen-Abundancia -Distribución del agua, son los que permiten que el llamo, el hombre y la mujer enciendan la llama de la vida.

Fácil es advertir que este culto tiene su expresión en la percepción del espacio de los aymaras, visto en tres niveles diferentes pero complementarios: las altas cumbres, la cordillera para el pastoreo y su agricultura de complemento y los valles y quebradas de la precordillera con su agricultura de terrazas que parecen colgadas del cielo.

La mirada de los aymaras siempre tiene como su principal objetivo el Oriente. Allí se genera la vida, en el nacimiento de las aguas. De ahí que sus casas y templos siempre están mirando respetuosamente hacia los Mallkus. El Occidente, por otro lado, indica el signo contrario. Allá van las aguas que van a morir de sed al desierto de Atacama. En esa dirección también se marchó Wiracocha, el dios creador andino, una vez que creó la vida.

Acapacha es el mundo de los aymaras que se agota en sí mismo. No existe en la concepción aymara la idea de un edén y de un paraíso final. Es un mundo en el que la presencia de estas deidades participa diariamente en el drama de la vida, drama en el sentido que importa. La vida se produce y reproduce en términos cíclicos y en ese sentido es a-histórica, dirá el profesor Juan Van Kessel Los especialistas religiosos de este culto son los propios aymaras.

Los aymaras del norte grande de Chile han sabido, pese a todos los embates del catolicismo y del protestantismo, actualizar cada año estas fiestas. Y es que saben que los Mallkus, la Pachamama y Amaru son vitales para su subsistencia.

 
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