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El culto a estas tres deidades
representa la más antigua celebración
de los aymaras de la actualidad y en la que el
jefe de familia, el más antiguo y depositario
de la tradición, es el que oficia de celebrante.
El centro neurálgico de esta celebración
está en el culto a la fertilidad, al agua
que da la vida; a Mallku como generoso dador de
aguas de las montañas; a la pachamama como
modelo de la generosidad, por cuya voluntad los
campos pueden vestirse de verde; a Amaru, como
el principio que distribuye las aguas de riego
que bajan presurosas por los canales y terrazas,
que el hombre andino construyó como quien
pone estantes de libros en la pared. Estos tres
elementos, según Van Kessel, Origen-Abundancia
-Distribución del agua, son los que permiten
que el llamo, el hombre y la mujer enciendan la
llama de la vida.
Fácil es advertir que este culto tiene
su expresión en la percepción del
espacio de los aymaras, visto en tres niveles
diferentes pero complementarios: las altas cumbres,
la cordillera para el pastoreo y su agricultura
de complemento y los valles y quebradas de la
precordillera con su agricultura de terrazas que
parecen colgadas del cielo.
La mirada de los aymaras siempre tiene como su
principal objetivo el Oriente. Allí se
genera la vida, en el nacimiento de las aguas.
De ahí que sus casas y templos siempre
están mirando respetuosamente hacia los
Mallkus. El Occidente, por otro lado, indica el
signo contrario. Allá van las aguas que
van a morir de sed al desierto de Atacama. En
esa dirección también se marchó
Wiracocha, el dios creador andino, una vez que
creó la vida.
Acapacha es el mundo de los aymaras que se agota
en sí mismo. No existe en la concepción
aymara la idea de un edén y de un paraíso
final. Es un mundo en el que la presencia de estas
deidades participa diariamente en el drama de
la vida, drama en el sentido que importa. La vida
se produce y reproduce en términos cíclicos
y en ese sentido es a-histórica, dirá
el profesor Juan Van Kessel Los especialistas
religiosos de este culto son los propios aymaras.
Los aymaras del norte grande de Chile han sabido,
pese a todos los embates del catolicismo y del
protestantismo, actualizar cada año estas
fiestas. Y es que saben que los Mallkus, la Pachamama
y Amaru son vitales para su subsistencia.
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