Tal vez nuestras obras al señalar ciertos lugares, los han puesto en la imaginación y en los sueños de viajeros del mundo, porque entienden los deseos de la gente de salir del espacio y del tiempo calculado de la ciudad, y experimentar el lado bueno de la naturaleza impredecible.
Creo que heredamos del mundo moderno la posibilidad de liberar las formas de la arquitectura, de la tiranía de la apariencia tan engañosa de las cosas. Por eso todo nos sale chueco, porque seguimos el orden de los pasos, el orden de la vida, y no el orden por el orden.
Si uno quisiera acoger bajo techo, el recorrido de un pastor que sale en la tarde a recoger a sus ovejas, lo más probable es que la forma resultante sea más parecida a las líneas de Nazca, que a un cuadro de Mondrian.
Quizá, en una casa, en un barrio, o en una ciudad, no todo puede, ni debe ser tan bueno. Hay que empeñarse en hacer bien lo que importa, y confiar el resto a los demás: hacemos una arquitectura que no busca la pureza, y se contenta con darle un lugar fecundo a la gente.
Creo que la arquitectura no debe confundir nunca lo importante con lo urgente: es urgente sacar a la gente de una miseria que avergüenza, pero es importante, como dice Le Corbusier, que su casa sea para cada uno un palacio. La buena arquitectura, que no cuesta más plata, aporta la belleza que humaniza las cosas, y despierta en nosotros el más allá invisible de las esperanzas y los sueños.
Para vivir no se necesita solo un resguardo de la lluvia, el barro, el frío y los ratones, sino también la gracia que da vida a los materiales y las cosas inertes. Todos buscamos trascender, aunque sea modestamente, la dura tarea de sobrevivir.
La belleza no es decorativa ni glamorosa, sino una sintonía o complicidad que muestra el lado bueno de las personas y las cosas. La belleza es tan necesaria para vivir como el material de una casa, porque es un destello de la creación de la que todos somos parte: nos enseña a vivir mejor a este lado y conmueve el corazón del salvaje que todos llevamos dentro.
Cuando Amundsen y sus compañeros llegan al Polo Sur, él les dice, "No tengo pensamientos muy profundos que compartir con Uds., excepto que ahora siento lo importante que es estar vivo". Me encantaría que me comentaran con franqueza esta experiencia que les he contado, para saber lo que sienten, porque yo no tengo certezas, y por eso me juego en todo el espectro que va del blanco al negro, entre luces y sombras, pero con esperanza, y mi mejor momento es el alba, cuando la vida late esperando la luz, y esta todo por verse”.
Santiago, 28 de Octubre de 2006.
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